ARSAT-1: así en el cielo como en la tierra

17/10/2014

cfk y arsat 1

El informe oficial indica que el satélite "brindará servicios de televisión digital, telefonía y datos en todo el territorio argentino, alcanzando las bases argentinas en la Antártida y las zonas alejadas que los operadores privados consideran económicamente no convenientes".

Por Carlos Heller

El satélite fue financiado, desarrollado y ensamblado en Argentina. Su puesta en órbita constituye un hecho histórico para nuestro país. A partir de ahora la Argentina forma parte del grupo selecto de ocho países en el mundo que desarrollan y producen sus propios satélites geoestacionarios y, junto a Estados Unidos, son los dos únicos países en el continente americano que lo hacen.

Celebramos este logro no solo por la importancia que cobra para la soberanía de nuestro país, sino porque es un producto incuestionable de la reconstrucción del Estado iniciada el 25 de Mayo de 2003. Los poderes concentrados, remisos a valorar el hecho, no se oponen al desarrollo tecnológico pero lo conciben de una manera totalmente opuesta a lo que significa y simboliza el ARSAT-1. Para ellos no debe ser el Estado el actor principal de este tipo de sucesos sino las corporaciones privadas y, además, no deben ser promotores de soberanía sino de globalización, hegemonizada por supuesto por ellos, y orientada a la maximización de la renta en sus múltiples expresiones. Es decir, para ellos es así en el cielo pero no en la tierra.

Para nosotros, una Argentina con recursos propios en materia satelital fortalece la capacidad emancipatoria del modelo que defendemos y alentamos a profundizar. Se trata de la soberanía concebida en forma integral, es decir comunicacional, económica, política, social y cultural al servicio de un modelo de país con inclusión y equidad, sin pobreza ni marginalidad, con más y mejor democracia e integrada al proyecto liberador e independentista americano que soñaron nuestros próceres y que aspiramos completar.

Este logro es parte de un Estado que rompió con la ortodoxia neoliberal y con los condicionamientos de los organismos internacionales a su servicio, gusto y paladar. Es parte de una concepción de que el progreso de los pueblos no es producto del derrame de la riqueza acumulada, sino de la redistribución de la misma. Y esa riqueza no solo está depositada en las arcas privadas de personas, grupos y corporaciones, sino que está reexpresada en la grandiosa revolución científico-tecnológica y comunicacional que la especie humana ha producido. Y esa producción, que se le adjudica ser producto exclusivo de la inversión de capitales es, en realidad, resultante del factor trabajo, ya sea manual e intelectual. Pues no hay creación alguna en la tierra que no sea producto del factor trabajo. Por ello celebrar semejante logro tecnológico enfatizando el sentido y el para qué del progreso, nos coloca en la dimensión de lo político del suceso y neutraliza toda reducción absolutizante de la valoración en términos económicos o puramente científicos. Es parte de colocar este éxito en el haber político de nuestro pueblo, en el marco de un proceso liderado primero por Néstor Kirchner y continuado por nuestra Presidenta. Por ello Arsat-1 en el cielo y en la tierra constituye una perla más del Nunca Menos por el cual luchamos y que nos muestra otra vez que no hay ni fin de ciclo ni gobierno en retirada.