El derecho a una vida feliz

23/12/2018
El derecho a una vida feliz

Página/12 | Opinión

Por Carlos Heller

El gobierno insiste con la recordada frase de Carlos Menem: “estamos mal pero vamos bien”. Sin embargo, otra expresión parece reflejar mejor lo que sucede en la actualidad: “vamos mal y estaremos peor”. Así lo indican las tapas de los diarios, con números de una Argentina en crisis. El riesgo país alcanzó los 821 puntos, record en la era Macri; el desempleo trepó al 9 por ciento en el tercer trimestre en la nación y a 11 en el conurbano; el PBI cayó un 3,5 por ciento en el mismo período; la canasta de pobreza subió 57,3 por ciento y la de indigencia 54,1 por ciento en el año, entre muchos otros datos en el mismo sentido. Son los diarios de Yrigoyen al revés: en lugar de tener buenas noticias solo tienen noticias malas.

El presente aparece devorado por la crisis. Y, más allá de los esfuerzos discursivos del gobierno, el futuro tiende a presentarse como una profundización del presente. El optimismo es un estado de ánimo exclusivo de Cambiemos: ve en solitario lo que las mayorías ya no ven.

En esa perspectiva, el presidente de la Unión Industrial Argentina, Miguel Acevedo, declaró: “El 2018 fue un año muy malo. Veníamos creciendo pero vino la devaluación, que demostró que estuvimos tres años pensando en un crecimiento que no era tan real”. Y agregó: “En la UIA no vemos un rebote generalizado de la economía. Cuando estoy en las empresas o en las industrias, no se ve ese positivismo que tiene hoy el gobierno”.

Varios de los representantes de las grandes empresas de capitales nacionales que han apostado decididamente por este proyecto han comenzado a distanciarse de ese optimismo artificial del gobierno. También ellos comenzaron a sentir el impacto de la caída del mercado interno y de la creciente recesión.

En una línea similar, el economista de FIEL, Daniel Artana, afirmó recientemente: “Tras un 2018 para el olvido, el año próximo sufrirá por el impacto recesivo de la dureza fiscal que neutralizará el efecto positivo de una cosecha normalizada”. Y agregó: “nuestras proyecciones de actividad son menos optimistas que las oficiales porque creemos que la dureza fiscal y monetaria son inevitables pero recesivas”.

Cuando decimos que el proyecto gubernamental es un proyecto de minorías estamos diciendo que es un proyecto que excluye a las mayorías: de allí la necesidad de pensar la construcción de un gran frente electoral amplio, plural y diverso que incluya, entre otros sectores, a esas mayorías excluidas.

Por supuesto, los representantes del establishment no se quedan quietos. Ante la dificultad para defender el actual modelo, recurren a una especie de nueva campaña del miedo. Según esta perspectiva, hay que sostener el actual proyecto no tanto por lo que es sino por lo que impide: “el regreso del populismo.”

Ellos se ponen rápidamente de acuerdo. Salen como un seleccionado de alta competencia a repetir un discurso unificado. En las últimas semanas, por ejemplo, el presidente del Banco Santander Río, Enrique Cristofani, afirmó: “tenemos muy buenas chances de ganarle la batalla al populismo”. Miguel Blanco, del Foro de Convergencia Empresarial, señaló que “la posibilidad de que vuelva a asumir un gobierno populista es una gran preocupación del sector empresario y de los inversores”. Claudio Cesario, de la Asociación de Bancos de la Argentina, aseguró que “frente a un año electoral, la responsabilidad de los partidos políticos es generar previsibilidad y hacer crecer la economía”. Daniel Pelegrina, de la Sociedad Rural, agregó: “el riesgo es que el populismo siempre está latente. Por eso, los empresarios debemos estar atentos para contribuir con los antídotos que lo eviten”. Javier Goñi, integrante de Idea, puntualizó: “el regreso del populismo significaría que el país no sería viable por muchos años. Si se da a través de las urnas significaría que la sociedad no lo entendió”. Todos juntos impulsando la campaña del miedo: vamos mal y puede que aún empeoremos pero todo es preferible a la “vuelta del populismo”.

El Presidente, en esa misma perspectiva, declara: “Vamos a ratificar este camino de cambio”. Y agrega: “En 2019 la Argentina va a confirmar que entendió que este es el rumbo. Como nunca antes en mi vida estoy cada vez más seguro, más convencido, que es por acá, que no hay otro camino”.

Siempre es el mismo discurso: puede que el camino que impulsa el gobierno tenga muchos costos, pero es el único posible. Lo otro es el populismo. Lo otro es el precipicio.

Carlos Pagni, en una nota reciente en La Nación señaló: “Detrás de esos ardides asoman las posibilidades y problemas de Mauricio Macri para hacerse reelegir. Se perciben las fisuras de Cambiemos. Aparece la insondable crisis peronista. Y algo relevante: se insinúan las chances de que, si continúa en el poder, la actual administración pueda mejorar su situación parlamentaria para emprender reformas más audaces”.

Es claro, lo mejor está por venir. Pero hay un problema, Cristina Kirchner. Ella es una complicación que persiste en el pasado -la pesada herencia- pero que también está en el futuro. Porque no necesita volver para hacer el “mal”: lo hace ya con la sola hipótesis de su retorno. Porque, ¿qué es lo que nos están diciendo? Qué el riesgo país alcanzó los 821 puntos porque los inversores están espantados antela posibilidad del retorno de Cristina. Sin embargo, el 9 de diciembre de 2015, el último día del mandato de la ex Presidenta, el riesgo país era de 495 puntos. Entonces, la explicación es otra. Veamos: el FMI produjo esta semana un adelanto de los desembolsos dentro de un programa para que el país pague con tranquilidad hasta fin de 2019 los vencimientos de deuda. Pero en 2020 la Argentina tiene vencimientos por más de U$S 20.000 millones y en 2021 de U$S 35.179 millones. Y, para esos dos años, quedan pendientes desembolsos del Fondo por sólo U$S 3.875 y 1.937 millones. En 2022 habría que comenzar a pagar al FMI, y para entonces los vencimientos totales ascenderán a unos U$S 57.000 millones y en 2023 a unos U$S 50.000 millones.

En tanto, en una nota publicada por el diario Clarín este viernes se afirma que “uno de los economistas que más habla con el Presidente” opina que “«el 5 por ciento del aumento del riesgo país es por el contexto global; el 5 por ciento por Cristina y el 90 por ciento porque el mercado tiene dudas sobre la capacidad de pago de la Argentina (…), seguro de que Macri o quien lo suceda deberá rediscutir el programa con el FMI tras las elecciones”.

Sin embargo “los mercados” insisten: el riesgo país lo genera la posibilidad del retorno de la ex Presidenta. Entonces, impulsan una democracia que -desde esa perspectiva- sólo puede funcionar con la exclusión de los que se oponen al modelo neoliberal. La sola presencia de un proyecto alternativo inestabiliza. En esta clave hay que leer la ratificación por parte de la Cámara Federal de Apelaciones del procesamiento a Cristina Fernández de Kirchner. Como ellos no pueden volver a enamorar, lo que intentan es destruir el amor. Si ellos no pueden, que no pueda nadie. Que la política sea el territorio de las esperanzas perdidas.

Un setenta por ciento de los argentinos y argentinas ya no le cree al gobierno. Muchos de ellos y ellas la están pasando muy mal, no llegan a fin de mes, no comen bien, se endeudan, pierden sus viviendas, no pueden tomarse vacaciones, renuncian a pequeños placeres como salir a comer o ir al teatro. Muchos, de persistir estas políticas, estarían condenados a una vida llena de limitaciones. Para reconstruir una mayoría en la Argentina tenemos que convencer a esos ciudadanos y ciudadanas de que hay otro camino y que en ese camino van a vivir mejor. En las pequeñas cosas están las grandes políticas. En las grandes políticas está el derecho de los argentinos a una vida feliz.

Nota publicada en Página/12 el 23/12/2018