Argentina-China: relación estratégica e integral

05/02/2015

Clic de Noticias / Opinión

Por Carlos Heller

Un rápido recorrido por el escenario internacional actual nos permite identificar la relevancia del impulso de las relaciones bilaterales entre Argentina y la República Popular China.

CFK en China

En general, la economía mundial no logra recuperar los niveles de crecimiento que registraba antes de la crisis mundial de 2008-2009. Por un lado, uno de los países económicamente más fuertes, Estados Unidos, aparece con mayor dinamismo que años anteriores, aunque todavía muestra señales de debilidad. Un país cuyo motor de crecimiento se centra en el consumo privado, enfrenta un mercado laboral más informal con salarios reales estancados y un salto importante en la concentración del ingreso, habiendo alcanzado en el año 2013 la mayor brecha entre los más ricos y los más pobres desde que se compilan estas estadísticas (1967). El crecimiento medio anual del PIB en ese país entre 2010 y 2013 fue de sólo el 2,2%, proyectándose una leve recuperación para los próximos años. Los países de la Zona euro, por su parte, continúan con una trayectoria de crecimiento prácticamente nula desde 2011, con serios problemas de desempleo y crisis sociales en algunos de ellos.

Al mirar hacia Brasil, el panorama tampoco es muy alentador, dado que ese país está por cumplir dos años de crecimiento muy cercano a cero (2014 y 2015). El flamante ministro de Economía brasileño, Joaquim Levy, señaló que durante el segundo mandato de la presidenta Dilma Rousseff sus medidas se enfocarán a realizar ajustes fiscales para recuperar la senda del crecimiento y la inversión, destacando que dicho proceso requerirá la participación de toda la sociedad e involucrará recortes de gastos y posibles alzas de impuestos. Medidas que no deberían sorprender al tener en cuenta el perfil del nuevo funcionario: un hombre del riñón de las finanzas, doctorado en la Universidad de Chicago y partidario de las políticas de raigambre ortodoxa.

Todo lo anterior se da en un contexto de permanente caída del flujo comercial entre nuestro país y Brasil, que en 2014 se tradujo en una disminución de más del 16% de nuestras exportaciones a ese destino con respecto al año anterior. Esto no puede pasar desapercibido, dada la relevancia que tiene el país carioca como destino de nuestros productos.

En este panorama se inserta la decisión por parte del gobierno argentino de abordar una política de relación estratégica con la República Popular China, que podría pensarse como muy conveniente en la coyuntura internacional actual, pero que además ha sido definida como “integral”, como lo expresó nuestra Presidenta.

Si bien el país asiático no muestra las tasas de crecimiento previas a 2012, las proyecciones del FMI dan cuenta de un aumento del PBI del 6,8% para 2015, éste constituye casi el doble del promedio mundial esperado: 3,5%. En cuanto al flujo comercial bilateral de Latinoamérica y el Caribe con China, si bien en el periodo 2000 a 2013 se incrementó considerablemente, se caracteriza por estar fuertemente concentrado en la venta de unos pocos productos primarios y la importación de manufacturas, lo que redunda en déficits para la mayoría de los países de este lado del Océano.

Los datos presentados en un informe de la CEPAL en enero de 2015 dan cuenta de esta tendencia también para Argentina: mientras en el año 2000 China ocupaba el sexto lugar como destino de nuestras exportaciones, en el 2013 pasó a ser el segundo, después de Brasil. Además, el 68% de nuestras exportaciones en 2013 fueron derivados de la soja.

El desafío es entonces diversificar gradualmente el comercio con China, tema sobre el cual el ministro de Economía, Axel Kicillof, expresó la intención de “pasar de una relación comercial a una relación de integración productiva” a lo que agregó: “estamos dispuestos a trabajar en proyectos que sumen mayor producción de valor agregado en nuestro país”. Ya se dieron los primeros pasos en este sentido con los acuerdos firmados el año pasado para el desarrollo de infraestructura, que el ministro calificó como “una piedra fundamental sobre la cual seguir construyendo”. Las iniciativas que trató Cristina Fernández en su reciente visita oficial son diversas y abordan temas como obras de infraestructura, energía, comunicaciones, minería, defensa, agricultura, salud y finanzas. Dentro del rubro energía se encuentran los desembolsos relacionados con las represas de Santa Cruz, cuyo primer tramo se hará efectivo en estos días, y aportes que realizará China para la construcción de un nuevo reactor nuclear junto a Atucha I y II. Dentro de la comitiva oficial no sólo participaron funcionarios del gobierno sino también 100 empresarios argentinos, más de la mitad pertenecientes a pymes.

Como era de esperar, se hicieron oír algunas voces en contra, como las de la Unión Industrial Argentina, que -entre varias expresiones- manifestaron que los acuerdos excluyen a empresas y obreros argentinos, una opinión refutada, entre otros, por la Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA).

De todas formas, tanto la relación con China como con Brasil son procesos importantes de integración comercial, y también complicados, dado que cada país desea obtener las máximas ventajas; se trata entonces de ir avanzando y persiguiendo el beneficio mutuo en estos acuerdos, en especial, una fórmula equilibrada que permita incrementar el comercio y que genere potencialmente nuevas oportunidades de exportación con alto valor agregado para nuestro país, asociado con un incremento en la capacitación y utilización de nuestra fuerza laboral. Estos objetivos se logran, además de con la firma de convenios, a través de un fuerte trabajo político entre los gobiernos, para resolver las diferencias, trabajar sobre las asimetrías y potenciar los frutos positivos de los acuerdos.