Dos ideas de política, dos modos de ver la vida

11/07/2016

BAE | Opinión

Por Juan Carlos Junio

Loperfido

La salida de Lopérfido del gabinete porteño, síntoma de un debate profundo.

Finalmente, la movilización conjunta de los organismos de Derechos Humanos y de cientos de hombres y mujeres de la cultura precipitó la renuncia del ahora exministro de la Ciudad, Darío Lopérfido. Más allá del personaje, interesa reflexionar sobre la concepción política que expresó en sus declaraciones, en un vano intento por replicar la teoría oscurantista de los dos demonios, que ya fue rechazada por la gran mayoría de nuestra sociedad.

El exministro había señalado que “en la Argentina no hubo 30 mil desaparecidos” y que ese fue un número que se discutió en una mesa chica “para cobrar subsidios”. Es la idea reduccionista y reaccionaria de que la política se limita a pequeñas oficinas, a recovecos de palacio, donde unos pocos individuos toman decisiones y luego las comunican e imponen. En esta concepción, la política coincide con el engaño: los relatos que se acuerdan no responden a la verdad, sino a los intereses individuales de los que deciden. En síntesis: la política es el arte de las decisiones subrepticias y de prácticas fraudulentas basadas en falsedades.

Esa idea prejuiciosa les impide comprender que hay relatos que no son elaborados en circuitos cerrados de la política, sino en las tramas complejas de la movilización social, sustentados en ideales, en las necesidades económicas y sociales de las mayorías. Y que esas verdades tienen el peso epistemológico del consenso histórico: no responden a los intereses de pequeños grupos ensimismados, sino a acuerdos intergeneracionales de mayorías movilizadas y comprometidas con un ideario común que, a su vez, se van engarzando con identidades políticas.

La amplia movilización de la cultura y de los organismos de Derechos Humanos en estos últimos meses fue también la expresión de este acuerdo intergeneracional y la puesta en escena “de la otra política”: la que se hace en conjunto, en las calles, en redes, en la protesta o como simbolismo que interpela a la sociedad. En suma, sujetos colectivos impulsados por convicciones e intereses de las mayorías.

En la renuncia del exministro chocaron dos ideas y dos prácticas de la política. Y dos modos de entender la vida. Triunfó una de ellas.

En la misma perspectiva, esa concepción de la política como acción de pequeños grupos tampoco le ha permitido al actual gobierno entender a los sujetos sociales movilizados. Su definición del kirchnerismo como simulacro o como impostura que, según ellos, se evidencia en un relato que nada tenía que ver con sus prácticas no explica el porqué del apoyo masivo del mundo de la cultura y de los organismos de Derechos Humanos. El único esbozo de comprensión remite a una matriz individualista en la que todo pasa por un pragmatismo lucrativo y desprovisto de todo principio moral: apoyaban al gobierno porque éste los beneficiaba con contratos o producciones. Puro interés individual. Inexistencia de intereses colectivos y de la legítima aspiración a trabajar.

Así, los sujetos sociales no son explicados porque ni siquiera se los concibe como existentes. Se arriba de este modo a una suerte de escenario “lógico”, donde esos núcleos social/ políticos, como no expresan a la ideología y los intereses circunstanciales del gobierno actual -por el contrario, son sus críticos-, quedarían entonces “automáticamente” invalidados.

Si apreciamos los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, del que participaron vastísimos sectores sociales, políticos y culturales que representaron a nuestro pueblo en toda su diversidad, y que resultó el evento patriótico de mayor participación ciudadana de nuestra historia, veremos que se potenció y enriqueció por su confluencia con el gobierno organizador del evento. En oposición, en 2016 prevalece un estado de divergencia y de enfrentamiento. Se parece a un escenario de ruptura. La renuncia del exministro de Cultura de nuestra ciudad sería un intento por reducir la distancia y el enfriamiento entre los gobernantes actuales y la sociedad.

Finalmente, Lopérfido ha sido retirado del centro de la escena por la acción de la política, que no permitió transgredir un límite conquistado por la democracia. Pero su concepción ideológica continúa. La movilización social y las reservas democráticas ganaron el primer round.

Pero vendrán otros. Habrá que profundizar la participación, la creatividad y la confluencia de todos y todas los que pensamos que la Patria no es el repliegue egoísta de cada uno en uno mismo, sino el encuentro vital y solidario con los otros y otras constituidos en ciudadanos con deberes y derechos. O sea, una Nación soberana.

 

Nota publicada en BAE 10/07/2016