Página/12 | Opinión
Por Juan Carlos Junio
Los norteamericanos predicadores de negocios vienen por todo. Desde ordenar a los gobernadores a que cesen sus relaciones comerciales con China, como declaró el embajador Lamelas, hasta otros en misión de lobistas de negocios, lanzados a enviarnos lo más rápido posible sus productos sin controles sanitarios, aranceles, impuestos, gabelas, ni nada. Exigen que ningún grupo empresario nacional defienda la venta de su mercadería en su propio mercado interno. En tanto, el lobby de estas corporaciones planetarias con sede en Manhattan, integrado a la cámara extraterritorial AMCHAM, ya anunció que tampoco aceptará que el parlamento tome decisiones que obstaculicen sus intereses. Resulta ocioso señalar que esos “representantes” del norte contrataron a diversos operadores nativos para ocuparse de los trabajos turbios en los pasillos de ministerios y el Congreso. Cumplen el rol de cipayos, una expresión que, según explica “la gente moderna”, está pasada de moda. Pero los misioneros yanquis tienen otras necesidades imperiosas: para concretar sus negocios deben ser desplazadas las empresas europeas y chinas. O sea, el milenario propósito de los conquistadores de imponer al sometido todo su poder.
El mentado modelo neoliberal no es otra cosa que la expresión económica de un proyecto político que, como siempre, representa los intereses de los financistas de Wall Street, el FMI y la burguesía local ahora lanzada precipitadamente a comprarse los bienes públicos ofrecidos a como venga. El desgaste del Presidente y su gobierno frente a la ciudadanía ya resulta indiscutible.
Ante este diagnóstico, los núcleos del poder empresarial y mediático, y sus expresiones partidarias, reaccionan preventivamente. Ya conocemos que tienen muy entrenado su olfato y creatividad para diagramar variantes políticas imbuidas de un fuerte pragmatismo, en pos de la continuidad del poder real. Aparecen entonces distanciamientos, “críticas constructivas” de aliados y los ya instituidos “amigables” que votan sus leyes. Esa difusa amalgama tiene una coincidencia principal que va adquiriendo carácter dogmático: el rumbo del modelo debe ser inmutable. No se admiten alteraciones al corazón ideológico que encarna la “estabilidad”. Esas búsquedas creativas son hijas de la erosión de la legitimidad ante diversos sectores sociales que cifraron sus expectativas en Milei. Los argentinos/as conocemos desde la infancia la expresión “monopolio”, en referencia a su implantación por el colonialismo español durante 300 años, desde la fundación de la Casa de Contratación de Sevilla en 1503.
Resulta evidente que desde los inicios del comercio con el “nuevo mundo”, conquistado por la Corona y sus mercaderes con “la cruz y la espada”, lo primero que se estableció fue el monopolio. Se trataba de “enviar allá todo lo que conviniera, y recibir las mercaderías y todas las otras cosas que allí se vendiesen”. Así fue que las relaciones comerciales estaban subordinadas a las directrices del Real y Supremo Consejo de Indias y ante cualquier conflicto comercial o laboral, debía actuar el Alto Tribunal de la Corona. Claro que quienes explotaban las minas y otros rubros deberían pagar impuestos como la Alcabala, el Quinto Real, el Diezmo, el Almojarifazgo, el de Avería, etc. Paradójicamente, los actuales predicadores de Wall Street exigen no pagar ningún tributo, ni someterse a límites o controles aduaneros. Coinciden con la Corona en que las disputas legales se resuelvan en sus tribunales ultramarinos, cuya expresión actual es el CIADI, una suerte de instituto de justicia neocolonial. La más elemental comparación histórica demuestra que el monopolio agravado de los nuevos misioneros es más gravoso y coercitivo que aquel de Isabel La Católica y su bien amado Fernando de Aragón. Por entonces, su objetivo principal era apropiarse del oro y la plata. Ahora, además, van por el litio, el cobre, el zinc, los minerales de tierras raras, el uranio, etc. Como contrapartida nos venderán todo lo que no pueden venderles a otros. No parece un exceso literario señalar que serían menos perjudiciales Sobremonte y Cisneros que estos tiburones del capitalismo y sus lobistas nativos, que vienen a devorarnos montados en un gobierno dispuesto a todo para servirlos, avasallando la soberanía nacional y la dignidad de nuestro pueblo. Esas densidades son las verdaderas causales de las turbulencias que suceden al interior del palacio que habita el gobierno, liderado por fundamentalistas subordinados a los magnates de Estados Unidos.
Las disputas intestinas con sus conspiraciones, zancadillas e inmoralidades de unos contra otros van generando un cuadro de descomposición de la institucionalidad democrática. Solo falta que utilicen alguna pócima de veneno, ya imaginada en la obra shakesperiana. Y para colmo parió la burra: en el episodio del nombramiento de la jueza Michelli, más allá de la discriminación que implica el veto por su familiaridad con un periodista; lo esencial debiera ser que la funcionaria es una expresión pura de la rosca elitista de la familia judicial, estructuralmente funcional al poder económico y su correlato en el plano de las disputas políticas.
Sin embargo, entre las turbulencias del Gobierno y su asociación con estos foráneos, existe y emerge otra argentina que se volcó a formar la inmensa oleada expresiva de su dolor y amor al Indio como ídolo del pueblo, quien lo marcó a fuego y conmovió con su música, poesía y sensibilidad social. Desde ese impacto vibró la cuerda generadora de una conmoción colectiva, aflorando la esperanza en la reserva de rebeldía y patriotismo identitario emergente de nuestra historia y cultura. Venimos de grandísimas manifestaciones en calles y plazas de todo el país: la del 24 de Marzo por Memoria, Verdad y Justicia; la clase obrera del 1° de Mayo, multitudes de universitarios y científicos, crecidos feminismos militantes el 8 de Marzo y el 3 de Junio. Los tiempos son oscuros y decadentes. El mileísmo y los medios del poder desnudaron sus prejuicios clasistas y su desprecio a la cultura popular. El “pogazo” fue tan expresivo como pacífico, la provincia de Bs.As. con su operativo de seguridad cuidó a la gente y se nutrió de ella. Pero vale la pena seguir al Indio: (…) “yo he tenido bandas de combate, no he tenido bandas de entretenimiento”. Y para quienes aún no tienen claro de qué lado de la mecha se encuentran decía: “soñás la hoguera donde siempre sos leña”. Concluimos con el posteo de Cristina presa y proscripta: “Vivir solo, cuesta vida”.