Carlos Heller: "Nunca me sentí banquero sino un dirigente social y un político"

02/08/2011

El cronista comercial

02-08-11 Rara avis del mercado financiero, Carlos Heller asegura que es el administrador de un banco, no un banquero.

JULIÁN GUARINO Buenos Aires

 

El ejercicio no admite equivocación: diputado nacional, dirigente político, ex vicepresidente de Boca, militante del movimiento cooperativista y presidente de un banco. ¿Adivinó? Imposible errarle al perfil de Carlos Heller, que a sus 70 años, todavía encuentra el tiempo para seguir siendo quien siempre fue.

¿Un deseo? “Me gustaría tener 30 años menos, no por la juventud, sino porque veo que hoy la Argentina es un país que acompaña mi forma de pensar”.

La propuesta periodística es clara, pero no fácil para un protagonista de lo político como él: sacarlo de la actualidad, llevarlo a sus comienzos. Aparecen entonces las primeras imágenes...

“Mi viejo, José Heller, era mecánico e integraba una familia de 12 hermanos. Por anécdotas en la mesa familiar supe que siendo muy joven trabajó para Vialidad abovedando caminos, y en un astillero bonaerense. Luego se estableció en Entre Ríos donde armó su primer taller mecánico. Cuando pienso en mi padre siento admiración y agradecimiento”.

Es el rubro más importante, el de los afectos que lo marcaron a fuego. Y es entonces que aparece, también, su madre, Perla Lis, más conocida por su apodo Doña Amada: “fue la mujer que marcó mi vida. Ella trabajaba en el taller a la par de mi viejo, en general se encargaba de la limpieza. Cuando nos mudamos, prefirió dedicarse a la costura”. Pero ahí no termina la mención. Se yergue, en toda su estatura, el costado de la vocación por lo social. Y allí reconoce a ambos, padre y madre: “A mi mamá siempre le interesó la política, fue militante social y política durante casi toda la vida, al igual que mi papá, que estaba comprometido con el cooperativismo. Mi vieja era bravísima. Cuando yo tenía 3 años, un médico dijo que no podrían operarme y quitarme una hernia porque estaba muy avanzada. Mi madre peleó muchísimo y logró que me operaran. Falleció hace poco, con casi 100 años, un personaje fenomenal”.

“Yo necesitaba trabajar para costearme los estudios”, sorprende Heller. “Por mi padre, yo había empezado a estudiar ingeniería mecánica, y a trabajar como técnico en una fábrica de embragues. Pero a fines de 1962 hubo una crisis en el sector automotriz”.

Dice entonces que en la empres

a habían decidido hacer un recorte y lo despidieron. Recuerda, incluso, que tenía todo listo para casarse en febrero de 1963. “Entonces, amigos de mi padre que estaban en una cooperativa me ofrecieron trabajo para que no tuviera que cancelar mi casamiento. Mi mamá no quería que yo trabajara full time, porque decía que iba a dejar la facultad. Tenía razón mi vieja”.

Se casó. Tuvo, en aquel momento, dos hijos, Sergio y Silvia, con su primera mujer, Ester. Más tarde, ya divorciado, tendrá su tercer hijo, Carlos.

Marcha atrás. Primeros pasos. En plena década del 70 entró de lleno en la Cooperativa Doctor Cetrángolo, en Vicente López. “Fui funcionario de varias cooperativas, crecieron mucho en esos años. También trabajé en el Instituto Movilizador”.

La ley de entidades financieras de Martínez de Hoz en el 74 también significó cambios, más trabajo y el punto de partida del Credicoop. “La dictadura hizo un desastre con todo y obligó a integrar todas las cajas de crédito del país y convertirlas en banco. Con las cajas de Capital y Buenos Aires se hacía una sola entidad, el Credicoop. Desde el cooperativismo, me encargué de hacer lo menos dramática posible esa unificación de las cajas y quedé como gerente general. Desde el 2005 soy presidente del banco”.

Plantando bandera en el mercado financiero, las definiciones no se hacen esperar. No se siente banquero aunque preside una entidad bancaria. “Yo digo que un banquero es algo muy distinto a lo que soy yo. Yo soy el administrador de un banco, no un banquero. El banquero es el dueño, el accionista, el que tiene que ver con el negocio. Con todo respeto por los que lo hacen. Soy un dirigente social con vocación política”.

El fútbol aparece varias veces entre sus anécdotas. Paradójicamente, es la temática financiera la que enlaza los primeros recuerdos deportivos. “A comienzos de los 80, uno de los clientes de la ex Cooperativa de Crédito Avellaneda me vino a ver para pedirnos una ayuda financiera para Boca. Ese cliente era Julio Grondona, que tenía un corralón de materiales en Sarandí”.

Según Heller, crearon entonces una línea de crédito para que los clubes obtuvieran financiación comprometiendo los ingresos del Prode. Hasta que en el 81, Marcos Franchi, que era gerente de Boca le pide que ordene las finanzas del club. “Como soy yo, puse manos a la obra. Algunos años después, asumimos la gestión con Antonio Alegre, desde el 85 y hasta el año 95. Ahora, cada tanto, me llaman. Quieren que vuelva”.