Página/12 | Opinión
Por Juan Carlos Junio
Tras el envión del triunfo de octubre, favorecido por el soplo de Trump que amenazaba al electorado argentino con el diluvio si no votaba a su favorito, el Gobierno va entrando en una ciénaga de la que no logra salir, a pesar de los manotazos propagandísticos para cambiar la agenda y enturbiar el escenario político. Claro que todavía goza del aliento abierto o vergonzante del establishment que “apoya el rumbo ideológico”. Como siempre, están aprovechando vertiginosamente las concesiones del gobierno para sus negocios, especialmente la apropiación de recursos naturales, y un mayor incremento aún de sus ganancias vía ajuste de salarios, jubilaciones, tarifas impagables, cierre de Pymes y desocupación, habituales en un modelo económico ya practicado en la dictadura por Martínez de Hoz, y luego en el menemismo y el macrismo. Todos cortados por la misma tijera del FMI, los intereses circunstanciales de la burguesía local fugadora y los oligopolios financieros de Wall Street. Pero el modelo no solo cruje por su efecto corrosivo para la vida de las mayorías humildes y la clase media, sino por sus corrupciones y latrocinios, que el alboroto triunfalista del Presidente no logra disipar, incluyendo el grotesco teatro de su “victoria” en el fallo de la corte neoyorkina, que también duró lo que el humo de un cigarro.
Ya que estamos con las posturas de las “derechas serias”, es necesario recordar que Macri apenas asumió le pagó a los buitres 15 mil millones de dólares por una de sus demandas armadas con la compra de bonos de deuda soberana a precios de ganga. Javier quiso seguir los pasos inspiradores de Mauricio, pero se quedó con las ganas de ser más probuitre que su antecesor. El aumento del desconcierto y la pérdida de apoyo de los sectores que cifraron esperanzas en las promesas de un futuro, como “gran potencia mundial”, se acentúa ante la sensación de peligro inusitado para el país en el afán de seguir metiéndonos en la aventura guerrerista de Trump y Nethanayu. Milei avanza ciegamente hacia el incendio sin que sus decisiones tengan tratamiento parlamentario, ni pensar en la convocatoria a una consulta para que la ciudadanía decida democráticamente ante decisiones tan críticas como la de involucrarnos en un escenario bélico.
Así las cosas, se viene la operación política parlamentaria cuyo doble propósito es el de fabricar humo negro para zafar de la desvergüenza pública del Jefe de Gabinete y su cruzada moralista, y simultáneamente seguir legislando a favor de los grupos económicos locales e internacionales. En este sentido, van por “facilitar” el libre acceso extranjero a la tierra, un eufemismo que justifica su compra a precio de remate, que en muchas zonas son las más fértiles y rentables del mundo. Se proponen modificar las limitaciones del 15% que establece la ley 26.737 a la venta de tierras rurales, y el tope por nacionalidad de un mismo país para que no se pueda superar el 30% de ese 15%. La ley actual también prohíbe la inversión en tierras por parte de capitales foráneos en “zonas sensibles” (de frontera o cuerpos de agua estratégicos). En síntesis, el Gobierno se pretende derrumbar las defensas del patrimonio soberano en nuestro territorio, justamente cuando el tema de la producción de alimentos viene siendo una cuestión crítica para el sustento de la vida en el planeta. Ya que están en plan “reformista” también enviarán al Congreso un proyecto cuyo propósito es mutilar la Ley 26.815 de Manejo del Fuego sancionada durante la presidencia de Cristina Kirchner, incluyendo la modificación del artículo 22 de la ley del 2020. La norma protege los ecosistemas y prohíbe el negocio siniestro de la venta de terrenos incendiados (deliberadamente) cuyo propósito es la especulación inmobiliaria. Para Milei y sus doctrinas en la que “todos” son “libres”, tanto los tiburones como las sardinas, también hay que otorgarle la iniciativa a los privados, que en este caso vienen a ser los tiburones.
Pero el intento más próximo del mileísmo es el de darle impulso al negocio de las multinacionales mineras a partir de la reforma de la Ley de Glaciares. En esta temática, que ya trascendió más de lo pensando en la opinión pública, el documento difundido por los obispos de la Patagonia describe frontalmente y en todo su dramatismo las consecuencias de esta iniciativa destructiva para la vida y el desarrollo productivo. El documento denuncia que se impide la participación democrática en las audiencias “enrareciendo el debate”. Para los nueve obispos se utiliza la “misma metodología atropelladora…para convencer a nuestros gobiernos asfixiados por economías que ellos ayudaron a quebrar”. Señalan que “ninguno respira nuestro aire: están a millones de kilómetros, y tampoco beben o se nutren del agua de nuestros ríos” (Página/12- W. Uranga 31/03). En suma, convocan a los representantes del pueblo a que respondan al interés de la nación y la ciudadanía y eviten un daño ecológico irreparable.
Pero la disconformidad, que en muchos casos ya se expresa manifiestamente en bronca y hartazgo por las penurias económicas en la vida cotidiana con su ya inevitable monotonía de “no llego a fin de mes” y “no puedo pagar la tarjeta de crédito”; siguen encontrando como respuesta el desviacionismo propagandístico. Sin embargo, todo indica que “los argentinos de bien” se deslizan hacia una zona de fastidio, ya que la ruptura del contrato electoral es cada vez más notoria y el discurso del magma de la inflación va “quedando deshecho en la arena” pero no por culpa “de un tungo roncador”, como el canto gardeliano, sino por las evidencias de conductas deshonestas y mentiras flagrantes.
Por si faltaba algo, parió la burra: un grupo de funcionarios de alto rango del área económica y legislativa compraron propiedades con créditos muy ventajosos del Banco Nación. Estos funcionaros especialistas en cuestiones prudenciales en el sistema financiero y partidarios de la privatización del banco estatal, no trepidaron en acomodarse a su servicio. Otra calamidad para el relato del combate a la casta. Se van acumulando corruptelas, además de las cripto estafa de los hermanos, las del profe Espert y sus contactos narcos y las coimas en ANDIS para compras de insumos. La historia demuestra que la suma de derrotas va acercando irremediablemente a un Waterloo, por más griterío y cortina de humo que inventen. Claro que del otro lado, hay mucho por hacer y debe ser rápido.
Nota publicada en Página/12 el 10/04/2026