Decadencia histórica y violencia neocolonial

16/01/2026
Trump

Página/12 | Opinión 
Por Juan Carlos Junio
 

Fue un convulso 2025 para todo el planeta, en el que D. Trump, en su carácter de jefe de la gran potencia capitalista se lanzó a la ejecución de una política comercial agresiva, con los aranceles como ariete, violentado al sistema de relaciones y acuerdos internacionales. Su impulso está estimulado por el afán reconocido de recuperar la hegemonía menoscabada en las últimas décadas, por el notorio avance de China, India, los BRICS, otros países asiáticos, Brasil y México, y la instalación económica y política de China y Rusia en África.
A tres días del nuevo año, el aspirante a gran fiscal mundial en materia arancelaria, se transfiguró a violento atacante de la hermana República Bolivariana de Venezuela, con el propósito de imponer la condición de propietario histórico de “su espacio americano”. El bombardeo al pueblo de Caracas y el secuestro del presidente Maduro se incluyen en una estrategia integral que se viene ejecutando contra la revolución bolivariana desde los tiempos de Hugo Chávez con golpes de estado, como en el 2002, que tras secuestrarlo instaló un gobierno fantoche; “marimbas” terroristas que asesinaban, mandatarios grotescos como Guaidó ungidos en una plaza y un sinfín de acciones contra la economía y la vida ciudadana, incluyendo un bloqueo económico que dispuso 540 sanciones de EE.UU y sus aliados europeos y canadienses. Se consuma así un peligrosísimo accionar de facto que compromete la paz de nuestra región. La mayoría de los analistas estadounidenses comienza a manifestar su inquietud frente a esta aventura, ponderando a la acción como producto de un núcleo de ultraderechistas de La Florida, cuya punta de lanza es M. Rubio; siempre sospechados de ser los inspiradores de los atentados a los hermanos Kennedy, de diversas acciones terroristas contra Cuba y financiar a grupos violentos paramilitares en todo el continente. Hasta aquí, el triunfo de la invasión militar imperialista no generó la caída del chavismo. Se consolida la presidenta D. Rodríguez con el apoyo civil y militar y no se registra oposición orgánica.
Volviendo al simbolismo del nuevo año, nacen renovadas expectativas sobre el futuro de nuestro país. Sin embargo, las políticas enunciadas por Milei, cada vez más sustentadas por el gran empresariado local y sus comunicadores, se proponen profundizar el modelo económico, afirmando la concentración de riquezas a favor de las corporaciones monopólicas y los súper millonarios triunfadores. Este propósito genera su inevitable contrapartida de perdedores: los distintos estratos de trabajadores, clases medias, sectores sociales y culturales que sufrirán dramáticamente la quita de financiación del Estado a la educación pública, la ciencia, la salud y todo lo concerniente a obras de infraestructura. El propósito político de las derechas quedó marcado por el reciente pago a los prestamistas, poniendo blanco sobre negro sus prioridades: pagar la deuda externa con el FMI y los banqueros de Wall Street, siguiendo la saga histórica de la vieja oligarquía: “honraremos el pago a los acreedores extranjeros con el hambre y la sed de los argentinos”, como pontificó para los tiempos el presidente N. Avellaneda (1876). 
La clase granempresaria local “descubre” que en la disputa mundial por los mercados, tanto China como los otros países asiáticos, europeos y EE.UU arrasarán con nuestro mercado interno; lo cual hundirá a la industria nacional, en primer lugar a las pequeñas; aunque no se salvarán del tsunami las medianas y grandes. La catástrofe en ciernes incluye una deliberada política de abandono del entramado industrial con sus conocidas consecuencias: parada de máquinas, despido de trabajadores y pérdida de divisas para pagarle a los fabricantes de todo el planeta. 
En los últimos días se explicitó otra fase de su proyecto: habrá aumento de tarifas para todos y todas, eliminando los subsidios en luz y gas para la gran mayoría. Los afectados son 7 millones y medio de hogares. La energía eléctrica aumentará entre el 21% y 25% y el gas desde un 11% hasta casi un 60%. Como siempre, durante este gobierno clasista de los multimillonarios, los núcleos sociales mayoritarios humildes sufrirán el impacto más fuerte. “La eficiencia” de estos burócratas insensibles es tan mediocre que se observa al primer vistazo: acotan hasta la nada el acceso a la tarifa social e inventan un nuevo precio para la garrafa con el objetivo de achicar el subsidio. En este punto tan sensible, el resultado es de alta escuela capitalista: solo podrán tener media garrafa por mes, con la cual se tienen que calentar, higienizar, cocinar, etc. Claro que las clases medias y los sectores productivos, talleres, fábricas, comercios; también deberán hacer su “aporte”, al igual que las entidades civiles. El ataque a la ciudadanía viene acompañado de la vieja argumentación contra las políticas de subsidios, estigmatizadas con adjetivaciones como “son demagógicos” que alimentan a “un Estado corrupto y elefantiásico”. En realidad se trata de que el Estado juegue un rol activo para distribuir sus ingresos en pos de la equidad social. Estos “eficientes” aumentaron en dos años de gobierno de “la libertad” la luz un 340%, el gas natural en el AMBA un 709%, y el transporte un 937%. Se trata de porcentajes tan obscenos como inhumanos, si pensamos que se complementan con caída de salarios y jubilaciones. Resulta ser una barbarie tarifaria que lleva a que las boletas sean impagables. Lo de siempre de Lavoisier “nada se pierde, todo se transfiere”. Como decíamos al inicio, se inspiran en la doctrina de la perinola: todos ponen, para que los privados sigan engordando su bolsa de dólares que prontamente remesan a sus matrices ultramarinas, o directamente las fugan como desde hace décadas. Pero hay más, el proyecto “modernizador” de las relaciones laborales incorpora varios caballos troyanos con el propósito de generar un fuerte recorte de los ingresos que las provincias reciben por coparticipación, solo que la manganeta para ocultarlo, burlándose de los gobernadores, ya fue descubierta. Así es que los ganadores de siempre dejarán de tributar la bonita suma de $19 billones anuales. Obviamente, la perdida mayor la sufrirá el erario público, seguido por los ciudadanos de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Chaco. Los grandes empresarios ganadores tendrían que dar la cara y decirle francamente a Milei: “muchas gracias, pelito pa´ la vieja”. 
Nota publicada en Página/12 el 16/01/2026

Referentes

Carlos Heller

Presidente PSol

Juan Carlos Junio

Secretario General