Desarrollo primario

09/03/2026
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Ámbito Financiero | Opinión

Por Carlos Heller

En el discurso de apertura de Sesiones Ordinarias el pasado 1ro de marzo, el presidente Javier Milei señaló como uno de los principales ejes de su gestión el “desarrollo primario” de la economía. Expresó: “Vamos a construir un marco legal robusto que permita el desarrollo primario para beneficio de todos los argentinos, con cuidados, pero lejos de prejuicios ambientalistas absurdos. Me refiero a todos los recursos: a los minerales críticos como el cobre y el litio, a la pesca y a la agricultura, a los hidrocarburos convencionales y no convencionales, a las economías regionales y al sector agropecuario”.

En definitiva, el proyecto oficialista de país involucra a tres sectores: minería, energía y agro. No está mal que tengamos proyectos de desarrollo de la minería, lo que está mal es que impliquen exportar el mineral en bruto sin industrializarlo y sin controlar su impacto ambiental. La primarización aleja cada vez más al país de un modelo de industrialización que permita exportar valor agregado y genere puestos de trabajo.

Las 21.000 empresas que cerraron desde que asumió Milei, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), no son un daño inesperado, son parte de un modelo en proceso de instalación.

Un modelo que casualmente va a contramano del que se gesta en la mayoría de los países centrales. Por caso, la Comisión Europea propone que el sector público invierta en el desarrollo de áreas estratégicas industriales europeas ayudando a sostener la demanda a través de compras y contrataciones públicas, las que deben tener en cuenta “requisitos de origen de la UE, de bajas emisiones, o ambas”.

También, plantea que se establecerán exigencias para los inversores extranjeros, los cuales no podrán superar el 49% del capital invertido y deberán garantizar que al menos el 50% de la plantilla de las empresas sea europea en todas las categorías, incluyendo los puestos calificados. Un Estado presente y enfocado en el desarrollo industrial.

Datos de la economía argentina en contraste con el bloque europeo.

Un breve repaso de los datos de la economía argentina da una idea más acabada del contraste con el bloque europeo.

El crecimiento que se registró durante todo 2025, del 4,4% según el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), fue impulsado principalmente por la gran cosecha de trigo (50% superior a 2024 y 75% por encima de 2023), la cual aportó más de la mitad del 3,5% del alza interanual del nivel de actividad en diciembre.

En la comparación con 2023, para tomar el desempeño durante los dos años de la gestión actual, los sectores favorecidos fueron el agropecuario (+41%), intermediación financiera (+19%) y explotación de minas y canteras (incluye la extracción de petróleo y gas, +16%), al tiempo que generan tan sólo el 9,2% del empleo registrado privado.

En contraste, los sectores más intensivos en mano de obra, como la industria manufacturera (-8,1%), la construcción (-14%) y el comercio (-3,6%) fueron los rubros con peor desempeño y los que absorben casi la mitad del empleo registrado.

No es casual que la Unión Industrial Argentina (UIA) haya publicado esta semana un comunicado bajo el título “Sin industria no hay Nación”, en el que expresó su preocupación por la situación de diversos sectores industriales y de distintas provincias. Advirtieron que la transición hacia un nuevo esquema económico implica “un proceso de adaptación profundo que no es homogéneo ni inmediato”.

Al respecto, indicaron que muchas empresas, especialmente PyMEs, están atravesando una situación crítica, con bajo nivel de actividad, alta presión fiscal, dificultades para financiarse y caída del empleo. El documento señala que la industria argentina genera de manera directa el 19% del empleo formal del país, con aproximadamente 1.200.000 trabajadores, y moviliza otros 2.400.000 empleos formales indirectos a lo largo de toda la cadena productiva.

No obstante, enfatizaron su conformidad con las reformas estructurales que está efectuando el gobierno y, por lo tanto, no cuestionan el modelo que es, al final de cuentas, el que genera la desindustrialización.

En definitiva, el modelo que propone la gestión libertaria lleva a un deterioro continuo. Cuando cierra una empresa por la apertura importadora, algunos empresarios pueden resolver el problema convirtiéndose en importadores, pero los trabajadores de las empresas que cierran o se reconvierten se quedan sin ingresos, con todo lo que eso implica desde el punto de vista humano y social, además del impacto en la economía, porque dejan de ser consumidores. Y eso afecta a otros que todavía están produciendo. Es un modelo que no cierra y al que sólo la resistencia de los ajustados puede ponerle un freno.

Nota publicada en Ámbito Financiero el 09/03/2026

Referentes

Carlos Heller

Presidente PSol

Juan Carlos Junio

Secretario General