El fascismo y la democracia según Mauricio Macri

25/09/2009


Opinión Carlos Heller*

El exabrupto de Mauricio Macri a propósito de la naturaleza presuntamente fascista del gobierno nacional expresa notables paradojas. Sin ruborizarse declaró: “Está cada vez más claro que este gobierno lo que hace es llevarse por delante a todo el mundo y ser el más fascista que hemos tenido en años”, como si su modelo de gestión fuese una democracia participativa y sus actos de gobierno estuviesen signados por el respeto a las instituciones representativas.
La primera paradoja es que Macri defiende una norma impuesta por la dictadura como un hecho democrático.

 Cabe recordar que la media sanción obtenida en Diputados expresa la adhesión al proyecto de ley de medios audiovisuales de más de diez bloques legislativos; que, además, el proyecto fue defendido como propio por la Coalición por una Radiodifusión Democrática y respaldado por gremios, movimientos sociales, universidades públicas, intelectuales y artistas, medios de comunicación alternativos y periodistas. Y que, por su contenido desmonopolizador, así como por las instancias de construcción que reconoce esta norma, puede decirse que constituye un invalorable aporte a la profundización de la democracia. El jefe de Gobierno critica al presunto fascismo defendiendo una regulación de la dictadura fascista.
La segunda paradoja es que Macri acuse al Gobierno de fascista, cuando viene promoviendo una política represiva que tiene poco que envidiarles a gobiernos elitistas y totalitarios. La política de desalojo violento de familias sin techo llevada adelante por la Unidad de Cuidados del Espacio Público (UCEP), que duplicó en 2008 el número de personas en situación de calle, es una expresión concreta de mecanismos que, sólo cáusticamente, podrían denominarse “democráticos” tanto por la forma como por el contenido. En un mismo sentido, centros culturales han sido víctimas del accionar brutal de las patotas macristas.
Una breve enumeración de importantes funcionarios del gobierno de Macri revela una inocultable tentación autocrática.
Algunos ejemplos. Para la agencia de control comunal, el muy democrático jefe de gobierno nombró al ex juez Federico Young, quien, meses antes de asumir en su cargo, participó del seminario “Igualdad ante la ley; juicio y castigo a los terroristas de los años 70”, compartiendo una mesa con la inefable Cecilia Pando, cuya labor en defensa de los crímenes de lesa humanidad ha sido, y es, incansable. Por otra parte, la labor de Young no se caracterizó por la eficiencia.
En 2008, la oposición porteña recibió un informe de Young donde asegura que hizo menos de la cuarta parte de las inspecciones que se realizaron en 2007.
Además de haber sido un conspicuo asistente a las movilizaciones en defensa de las entidades patronales agrarias, contrató a dos coroneles retirados que figuran como tesorero y protesorero de su partido, y, a fines de 2008, designó a catorce gendarmes y militares retirados de los cuales seis, según los organismos de derechos humanos, habrían ocupado cargos jerárquicos en el Ejército, que los vinculaba directamente con la gestión de los centros de la muerte. La página web del Banco Central lo señaló como “deudor irrecuperable” al que le rebotaron cheques de una estancia de su propiedad.
Si con ello no bastara, agreguemos que el Fino Palacios ha constituido un ejemplo transparente de las opciones nada democráticas de Macri. Este oscuro personaje aparece acusado de vinculaciones con el atentado a la AMIA y con la represión de diciembre de 2001. En 2003, fue separado de la policía, según se comentó en el ámbito periodístico, por su supuesta relación con los secuestradores y asesinos de Axel Blumberg. La presión social fue la causa de la renuncia forzosamente aceptada del impresentable jefe de la nueva policía.
En suma: que el ingeniero Macri remita al supuesto fascismo de Kirchner, o de Cristina Fernández –quienes, curiosamente, han sido los primeros gobiernos en mucho tiempo que no han respondido al conflicto social con represión–, es una ironía rayana en la crueldad y en el cinismo.  25/09/2009 Crítica - Nota - El País - Pag. 9

*Diputado nacional electo.