Página/12 | Opinión
Por Juan Carlos Junio
El poder económico internacional y local celebra y comparte con su gobierno de ultraderecha el “momento de ir por todo”: consagrar la ley contrarreformista de los derechos de los trabajadores, que a pesar de la vulgar propaganda, no generará nuevos empleos ni formalizará a millones de empleados. Va también por el nuevo Régimen Penal juvenil que, como afirmó el episcopado “bajar la edad no bajará el delito”. El documento de la Iglesia Católica pondera que se trata del “uso del dolor social con fines de impacto mediático”.
Vienen por los glaciares, con una ley que, como señala D. Filmus implicará una grave regresión ambiental, mutilando la legislación del 2010 que protege las principales reservas de agua dulce, críticas para el consumo humano y la producción. En esta temática crucial, la Barrick Gold actúa desde siempre como lobista de los conglomerados mineros planetarios, quienes exigen más concesiones aún de las ya extraordinarias logradas en términos aduaneros, fiscales y cambiarios por el RIGI, cuando les votaron la Ley Bases. Reclaman que el parlamento legitime sus negocios, por lo tanto, ejercen una fuerte presión sobre gobiernos provinciales y legisladores sin trepidar en la utilización de métodos opacos en pos de sus objetivos.
El “vamos por todo” incluirá el tratamiento exprés de la reforma del código penal, y la última novedad es el intento de consagrar por ley un severo recorte de recursos para el sistema universitario, lo cual implicaría una sentencia liquidacionista de las universidades públicas. La ofensiva económica – cultural del mileísmo incluyó la novelita del reproche del Ministro de Economía a los empresarios exigiendo apoyar a su gobierno “enfáticamente” por no haber festejado la baja de un 85% de las cargas patronales para los nuevos empleos.
En realidad, el “vamos por todo” no solo es apoyado, sino impulsado y exigido por las corporaciones empresarias, tanto las locales, como las de Wall Street, por prestamistas, bancos acreedores y fondos de inversión. El FMI hace lo suyo cumpliendo su función de factor de presión y condicionamiento político. Esos grandes poderes son los verdaderos inspiradores y beneficiarios del modelo. Cierto es que el Toto con su diatriba logró que algunos, como el Presidente de la Cámara de la Construcción, saliera a “aclarar” que “fuimos pro activos en el tratamiento de la ley. La apoyamos desde siempre y desde el G6 sustentamos el Consejo de Mayo”. Se trata de un ejemplo cargado de simbolismo de la conducta política de la burguesía local, ya que la construcción sufre una caída libre que implicó una pérdida de 120 mil puestos de trabajo.
Queda clarísimo que este empresariado privilegia su ideología pro cambios estructurales que modelen un país donde desplieguen sus negocios sin leyes ni organizaciones sindicales y sociales que garanticen los derechos de la mayoría del pueblo. En este sentido, el ejemplo arquetípico de la que fuera la burguesía nacional gelbariana, es el de la UIA. Su presidente Rappallini declara el apoyo incondicional al modelo de Milei, cayendo en una pérdida irremediable de legitimidad ante las Pymes, la industria nacional y la opinión pública. La otrora Unión Industrial Argentina (UIA) se parece más a una DAA: “Desunión Antiindustria Antiargentina”, seguidora de un dogmatismo anti proteccionista, único en el mundo capitalista.
El FMI, a través de su vocera Julie Kozack, destacó la reclamada reforma estructural de Milei. Ya que estaba, se sumó al argumento increíble de que se creará empleo, y como era de esperar, "olvidó" que el gobierno incumplió su compromiso con el organismo de normalizar la actualización del cálculo del Índice de Precios al Consumidor. Lo que les importa es que la Argentina, su principal deudora universal; sostenga un plan económico que genere los dólares para pagarles. Si crece la pobreza, el sistema productivo se desmiembra, o nos arrimamos a un ciclo económico recesivo por la caída del salario y el incremento de los precios; “no problem”.
Se despliega el “vamos por todo”, pero dejando girones que desnudan sus aristas regresivas, su avasallamiento al parlamento, como el caso del texto aprobado en el Senado que fuera entregado media hora antes. ¡Se votó sin ser leído! En Diputados, el debate tuvo ecos impactantes en la opinión pública. Retornaron las acusaciones de traición a los mandatos del pueblo, de negociaciones subrepticias de los gobernadores, incluyendo a los “peronistas amigables", con señalamientos de situaciones de banelconización. El Presidente del bloque de la oposición, Germán Martínez, habló de acuerdos espurios y packs a medida, a cambio de “no sé qué”. Ya no se trata exclusivamente del sentido antipopular contra las mayorías, se va evidenciando su esencia antidemocrática y autoritaria, y un seguidismo enceguecido al incierto destino del déspota de Mar-a-Lago, y sus halcones de Miami, cada día más agresivos, especialmente en su patio trasero latinoamericano, ahora con centralidad en el ataque a Cuba, luego de la intervención militar a Venezuela.
La conducta de los Gordos e independientes de la CGT, y sus acuerdos silenciosos con el gobierno para preservar su poder, no alteran otro acontecimiento político trascendente: la emergencia de un polo con densidad representativa en el movimiento obrero jugando un importante rol en la escena política, que fue determinante para que la conducción convoque al paro nacional, de fuerte impacto en la sociedad. En este contexto, sobrevino el campanazo del cierre de Fate, empresa que durante 80 años fue emblema del desarrollo de la industria nacional, lo cual generó una fuertísima reacción. El acontecimiento no solo es grave y doloroso por la cesantía de sus 920 trabajadores y sus familias, sino que desnuda el efecto dramático del modelo económico, al margen de la responsabilidad del grupo capitalista de Madanes Quintanilla. Tras las brumas del acontecer político y las opiniones circunstanciales hay un culpable: el plan económico de Milei, inspirado en su admirada M. Thatcher, reivindicado por uno sus voceros, quien dejó una verdadera confesión para la posteridad: “la mejor política industrial es la que no existe”.
Se viene un Marzo de luchas sindicales por el salario y la vigencia de los derechos laborales, de las mujeres marchando en el 8M por sus conquistas culturales y sociales, y un gran 24 de Marzo por Memoria, Verdad y Justicia. Las calles marcarán el próximo tiempo.