Página/12 | Opinión
Por Carlos Heller
El Gobierno avanza con la apertura importadora en pos de “disciplinar” los precios internos, estrategia que se complementa con la existencia de un dólar “barato”, mientras trata de minimizar sus daños negando que exista un “boom” de compras del exterior.
Para justificar sus políticas, los principales funcionarios recurren a la comparación de datos del 2025 respecto de 2022. Es cierto que este último fue -en términos de dólares- un “pico” de la serie de las importaciones. Sin embargo, tuvo mucha incidencia lo ocurrido con las compras al exterior de Combustibles y Lubricantes, que en 2022 fueron de U$S 12.868 millones, muy por encima de los U$S 3.271 millones de 2025.
Más específicamente, la alta base de comparación con el 2022 engaña. Aquel fue, por un lado, un año de mayores precios internacionales de la energía, disparados por el inicio del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. A su vez, todavía no se habían empezado a cosechar los frutos de Vaca Muerta, que hoy se expresan en una menor importación de combustibles. El desarrollo del yacimiento petrolífero neuquino fue el resultante de un Estado (activo) que permitió construir una infraestructura de la cual este gobierno hoy saca provecho.
Para contrarrestar el relato de que en 2022 se importó más, basta con tomar el índice de cantidades, que es una medida de volumen que quita el efecto de los precios. Al respecto, las estadísticas del INDEC indican que el 2025 fue el año de mayores compras al exterior de la serie. Un dato más que contundente.
Además, nos encontramos en máximos de cantidades importadas anualmente, tanto en bienes de consumo como de capital. Esto último, sin embargo, no ocurre con las partes y piezas y con los bienes intermedios, que caen respecto de 2023, en gran medida por el contexto recesivo, aunque también porque al ingresar bienes finales que antes se producían localmente, dejaron de necesitarse piezas e insumos que venían del exterior.
Hoy se transita por el camino opuesto a la lógica de sustitución de importaciones que perseguían otros gobiernos, en pos de aliviar el frente de las divisas e incentivar la producción y el empleo local, bien remunerado y con derechos.
Según una consultora del mercado, entre el tercer trimestre de 2023 y el tercero de 2025, de una muestra de 26 sectores productivos argentinos expuestos al comercio exterior, 20 contrajeron su producción, y en 14 de éstos últimos hubo un gran avance de los productos importados.
La industria no es la prioridad del modelo de tres sectores que trata de instalar el gobierno (agro, energía y minería): una economía de enclave primarizada, endeudada y altamente dependiente de Estados Unidos.
El propio Presidente reconoce que van a cerrar empresas (por ende se perderán empleos), aunque le resta importancia al hecho, ya que supuestamente serán mayores los beneficios de la apertura importadora por comprar más barato. Es la versión 4.0 del mismo modelo de las 4M, que se vivió durante la dictadura cívico -militar (con Martínez de Hoz), el gobierno de Menem y el de Macri.
Respecto del mencionado disciplinamiento de los precios internos, por el momento no se alcanza a ver, ya que la inflación se mantiene en niveles elevados, y creció en febrero un 2,9%, sin evidenciar signos de desaceleración. La variación interanual se ubicó en el 33,1%.
Y si bien hay rubros que ya están sintiendo el rigor de la competencia de la producción importada, como los textiles o línea blanca, ello no significa que los argentinos y las argentinas vayan a poder capitalizar los mentados beneficios de esta apertura y volcarse a la compra de estos bienes.
Por un lado, cuando cae el ingreso disponible de los hogares, producto de que los salarios suben menos que las tarifas de los servicios públicos, el alquiler, u otros gastos fijos, al final de cuentas, y por una cuestión de prioridades en la asignación, suele quedar poco resto para la compra de aquellos importados “que cuesten menos”.
Además, para que alguien pueda acceder a esos productos más baratos es preciso que tenga ingresos. Sin trabajo, porque no hay producción local que lo requiera, no se puede comprar, ni lo barato, ni lo caro.