Neocolonialismo mileista y reacción social

29/05/2024
Milei cdba

Página/12 | Opinión

Por Juan Carlos Junio

El día patrio fue celebrado en las escuelas de toda nuestra geografía, clubes, barriadas y en organizaciones populares, sociales y culturales. Se festejó con los tradicionales locros, bailes y música, a pesar de las angustias e incertidumbres que se viven como consecuencia de las políticas económicas extremas que aplica el presidente Milei. La celebración encontró a maestras, profesores y científicos en plena lucha en defensa de la universidad y la educación pública, expresada en las plazas y avenidas, rodeadas del apoyo de la sociedad y unidos a trabajadores/as, incluyendo a policías, como en la provincia de Misiones. La resonancia de la manifestación multitudinaria del 23 de abril sigue viva, nutriendo la lucha de la comunidad educativa e influyendo en las decisiones que van asumiendo diputados y senadores en el tratamiento de las leyes. En el plano de la política gubernamental, la jornada histórica estuvo signada por la frustración política y personal del presidente, ante la imposibilidad de celebrar el anunciado y soñado Gran Día Libertario. Ante el fracaso de lo que se imaginó como un relanzamiento rodeado de gobernadores y personalidades, y la anhelada señal de gobernabilidad que le reclaman los mercados y la burocracia del Fondo Monetario; los propagandistas del gobierno imaginaron una salida transformista, con el fin de mutar la derrota en éxito. Así fue que se llevó a cabo un festejo “con la gente”, que ocupó la mitad de la plaza a la que el presidente saludó desde el balcón. Paradójicamente, aquel 25 de Mayo de 1810, se reunieron los contrarrevolucionarios liderados por el gobernador Gutiérrez de la Concha, acaudillados por Liniers. Todos serían “arcabuceados" por resolución de la Primera Junta patria, ya que organizaban una fuerza realista para derrotar por las armas a la revolución naciente.

Acerca de aquel simbolismo histórico, surge un interrogante: ¿con quién hubiera simpatizado y actuado el presidente Milei, atendiendo que los revolucionarios de Mayo, tempranamente eran calificados de “robesperrianos” por los comerciantes monopolistas, antecesores de los actuales millonarios “verdaderos héroes del país” admirados por el presidente; ahora asociados a las metrópolis modernas, ergo Estados Unidos, al canciller del rey, David Cameron, todos discípulos de su “heroína” M. Thatcher? En su discurso “moderado ante la gente", ya que no adoptó su habitual postura teatral insultante, el presidente reiteró su letanía reaccionaria: “bajaré los impuestos”, inspirado en Donald Trump, otro de sus admirados. No aclaró que siempre piensa en reducir o eliminar tributos a los súper millonarios, y gravar a los trabajadores y las clases medias. Para muestra tenemos a mano la Ley Bases: incluye a un millón de asalariados que volverían a pagar impuestos a las “ganancias” (¿de qué ganancias se tratará teniendo en cuenta que son asalariados?), a la vez que baja la tributación en bienes personales al tramo de los más ricos por sus patrimonios. Esa ideología que privilegia a las élites en materia tributaria, incluye a las multinacionales, particularmente a las mineras de origen norteamericano, canadiense y australiano. La ley es tan básica como su propósito: liberarlos de todo tributo para que depreden nuestros recursos naturales, aplicando un arcaico estatuto colonial, con un agregado más extranjerizante aún: en caso de conflicto nos someteremos a los tribunales del CIADI, o sea directamente a los de ellos. Más docilidad imposible, aunque se lo envuelva con una fraseología tan exuberante como engañosa.

En la fiesta mileista no faltaron los cánticos violentos: “Cristina se va presa”. Se trata de una auténtica confesión no solo de odio, sino de sus intenciones políticas: primero se propusieron asesinarla, y ahora reivindican su eliminación enviándola a prisión. Todos esos elementos componen el delirio reaccionario “del ajuste más grande de la historia”, que viene acompañado de la mentada batalla cultural, que, como siempre reitera el presidente: es la más importante. Ahora retoma la vieja idea de “misión regeneradora contra la casta”, que integran todos los que se le oponen. Se trata de paradigmas propagandísticos primitivos que denigran a todo lo diferente hasta su exclusión. Esa práctica de inspiración goebbeliana ya fue utilizada por las dictaduras, que también venían en misión regeneradora, de forma tal que lo primero que marcaban era la eliminación del fantasma comunista; ahora lo aggiornaron a los socialistas, kirchneristas o keynesianos. La causa de fondo también es la de siempre. El núcleo principal del poder económico y sus expresiones políticas de las derechas y sus nuevos ultras, no soportan que ninguna fuerza ni líder político se atreva a cuestionar su poder, ni sus riquezas, ni asumir proyectos que se propongan distribuir más democráticamente los ingresos, utilizando al estado nacional como instrumento para la aplicación de esas políticas sociales. Sienten un rechazo ideológico hacia cualquier gobierno popular que desafíe su sagrado sistema capitalista y sus valores inmutables, ya sea los que se presentan en formato tradicional, como los arropados de modernos; elaborados por editorialistas de los grandes medios gráficos, incluyendo sus repetidoras de radio y televisión, autopercibidos como serios y doctrinarios.

Ellos también integran la membresía del partido regenerador, solo que se sienten investidos de una pátina de sabiduría.

En suma, el gobierno afronta crecientes desequilibrios que se presentan como operativos por su ineficiencia en la gestión, el ensimismamiento en relación con la sociedad civil, y las torpezas y prejuicios ideológicos en los temas internacionales. La causa verdadera es la reacción social y política del pueblo, y sus organizaciones sociales, que vienen enfrentando al proyecto antipopular del Presidente, desde muy temprano, recuperando la movilización como expresión de la lucha por sus derechos.

El “me importa tres carajos, vetaré la ley”, sobre la posibilidad cierta que el parlamento vote una ley asegurando el presupuesto para la educación pública, ciencia y tecnología, desnuda su ideología intolerante y antidemocrática, y su intencionalidad de continuar con su dispositivo narrativo para horadar la subjetividad de la militancia y desmovilizar las protestas. Una misión imposible. 

Nota publicada en Página/12 el 29/05/2024