Sólo problemas

07/07/2019
Banderas del Mercosur y de la Unión Europea

Página/12 | Opinión

Por Carlos Heller

¿Será una de las posverdades mejor armadas? El tiempo lo dirá. Lo cierto es que el acuerdo Mercosur-UE genera grandes dudas, entre otras, por la verdadera entidad de lo que se dice que se ha firmado. El reconocimiento por parte de la portavoz del gobierno de Francia es claro al respecto: “por el momento, Francia no está lista para ratificar el tratado”.

El presidente Mauricio Macri sostuvo exultante que el acuerdo con la UE es “una de las pocas buenas noticias frente al proteccionismo”. En verdad, es uno de los pocos mandatarios en la actualidad que parece haber implementado una cruzada en contra del proteccionismo. El mundo va por otro lado, más allá de las declaraciones que hagan muchos de sus líderes.

Según el relevamiento de Global Trade Alert, una ONG muy conocida en Europa, desde la crisis del 2008 a la fecha los países han tomado 6720 medidas proteccionistas (las denomina dañinas) y sólo 2414 de liberalización. El primer puesto de los países con más medidas dañinas es Estados Unidos (428) seguido por India (324) y Rusia (232). A partir del puesto 5º encontramos a los 28 países de la UE, que, en conjunto, han tomado 3696 medidas proteccionistas, liderados por Alemania (174), Italia (166) y el Reino Unido (163). Firmar un acuerdo de liberalización con la UE es como poner al zorro a cuidar a las gallinas.

Macri dice que el acuerdo nos va a beneficiar. Pero los países de la UE no van a dejar de ejercer sus políticas de protección, en especial al sector agrícola y ganadero.

Tanto el Gobierno, como muchos analistas, han hablado de que tenemos que parecernos a Europa para poder encarar el acuerdo eficientemente. Pero, ¿a qué Europa? ¿A Portugal, Irlanda, Grecia o España, agrupados bajo el ofensivo acrónimo PIGS (cerdos en idioma inglés) o, junto con otros países, como parte de la “periferia europea”? Países que han sufrido agudos procesos de ajuste, y que se han empobrecido significativamente desde la crisis de 2008. ¿Nos pareceremos a la Europa de Bulgaria y Rumania, ingresados en 2007 a la UE y que luego de 10 años de permanencia, el 39 por ciento y el 36 por ciento de su población, respectivamente, tiene riesgo de caer en la pobreza? Muy lejos de estas cifras, Francia tiene el 17 por ciento y Alemania el 19 por ciento (año 2017). Es una medición de pobreza distinta a la que usamos en nuestro país, pero vale la comparación entre naciones europeas.

Más allá del tipo y del nivel de acuerdos a los que se llegue, lo expresado indica que se avanzará más rápidamente, como desean Macri y Jair Bolsonaro, cuantas más concesiones se hagan a los europeos. Lo mismo que si se decide avanzar en otros acuerdos con Estados Unidos y otros países desarrollados. Una cuestión más que preocupante, puesto que estas concesiones van en contra de los intereses de nuestros pueblos. De hecho, lo obtenido en cuotas de mercado para carne vacuna, aviar y para el maíz, sería muy poco. No obstante, se liberalizan totalmente “sectores clave” como autos, partes de autos, maquinaria, químicos y medicamentos. Queda claro quién podrá aprovechar tal liberalización.

Otra de las utilidades, para el gobierno, es aprovechar el acuerdo Mercosur – UE como un impulsor del ajuste y de las reformas estructurales, como condición para que dicho acuerdo pueda brindar los máximos beneficios a nuestro país, a largo plazo: en el neoliberalismo, siempre los beneficios son en el futuro y las penurias en el presente.

Este enfoque aparece tanto en funcionarios como en el sector privado. El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, sostuvo que con el acuerdo “tenemos por delante la tarea de bajar el déficit, combatir la inflación, bajar costos logísticos y modernizar nuestro mundo de relaciones laborales”. Por su parte, el CEO de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (AmCham), escribió una nota que tiene por título “Ningún acuerdo funcionará sin una transformación productiva”. Más que claro.

En resumen, este acuerdo podría definirse como otro ALCA e, incluso, como sostienen muchos estudiosos, más nocivo aún para los intereses de nuestros países. Sólo traería problemas. Y condicionaría severamente las posibilidades de lograr un desarrollo autónomo y equitativo.

Nota publicada en Página/12 el 07/07/2019

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Referentes

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