Todos hacemos falta

19/09/2021
urna

Página/12 | Opinión

Por Carlos Heller

Según algunos análisis, un sector importante de los votantes del Frente de Todos en los comicios de 2019, no concurrió a las urnas en las recientes elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Una de las interpretaciones más extendidas señala que el ausentismo fue el modo que esos electores encontraron para expresar su insatisfacción con lo que percibirían como una falta de profundidad de las políticas gubernamentales.

Primer punto: según esta lectura, estos votantes no estarían demandando un cambio de rumbo, es decir, no propondrían avanzar hacia una política neoliberal, que reduzca las regulaciones y opte, entre otras cosas, por un Estado pequeño, ineficiente e inactivo. Por el contrario, lo que reclamarían es una mayor intensidad y profundidad de las políticas socioeconómicas que ya viene implementando el gobierno.

Segundo punto: sabemos, por lo tanto, qué quieren esos electores y tenemos dos meses para dirigirnos a ellos y tratar de convencerlos de que vuelvan a apoyarnos en las próximas elecciones. Necesitamos explicarles que Juntos por el Cambio no va a resolver los problemas de la Argentina sino que los va a agravar. La intensificación de las medidas gubernamentales requiere de un gobierno más fuerte y, por eso, con mayor apoyo electoral.

Por lo cual, estamos ante una paradoja: si una parte de los votantes decide nuevamente no apoyar al Frente de Todos en protesta por la falta de profundidad de las políticas del gobierno, ese retiro del apoyo incidirá en que éste último tenga menos capacidad para profundizar sus políticas. Es decir: la reacción ante lo que consideran insuficiente terminaría aumentando la insuficiencia.

Una administración gubernamental debilitada es menos apta para avanzar en la dirección que los electores críticos reclaman. La gran pregunta es: ¿qué tenemos que hacer para remontar esta situación? La respuesta es simple: acelerar e intensificar la ejecución del modelo actual.

Tercero: el resultado electoral adverso generó una tensión inédita entre los miembros de la coalición gubernamental y una discusión que desbordó los ámbitos internos. No es ninguna novedad: el éxito o el fracaso de las coaliciones está en la capacidad que éstas tienen para resolver sus diferencias. En la actual alianza de gobierno no sobra nadie y todos hacen falta. Los espacios políticos que la conforman, si quieren ser exitosos individualmente, están obligados a seguir trabajando juntos. La unidad de todas sus partes no es una opción: es un punto de partida imprescindible.

Cuarto: la carta pública de la Vicepresidenta volvió a poner en el centro de la escena la discusión sobre la necesidad de acelerar e intensificar la aplicación de las políticas socioeconómicas. En esa perspectiva, Cristina Fernández de Kirchner hizo un cuestionamiento intenso a la ejecución presupuestaria de este año. No dice que aspira a un déficit mayor al presupuestado sino que no se está cumpliendo con lo presupuestado.

El déficit fiscal, como sabemos, es la diferencia entre los ingresos y los egresos. Por eso, es posible argumentar que se subejecutó el presupuesto porque no todas las partidas se ejecutaron y, al mismo tiempo, afirmar que lo que se ha gastado coincide con lo presupuestado porque hubo más ingresos y no menos gastos. De todos modos, en este segundo caso, en el que hay ingresos superiores a los previstos, dadas las necesidades básicas insatisfechas que hay en la Argentina, lo lógico sería aumentar el gasto y no aprovechar esa situación para reducir el déficit.

En ese marco de tensión, el miércoles de esta semana se cumplió con la manda constitucional y se presentó el proyecto de Presupuesto 2022. El texto, de una extensión de 4851 páginas, dice en su introducción: “El conjunto de políticas presupuestarias detalladas en este Presupuesto intenta avanzar en la recuperación de la actividad económica, la reducción de la pobreza, la generación de empleo y la reducción de la desigualdad promoviendo la inclusión social activa. Además, en el Presupuesto presentado se reflejan las acciones concernientes al fortalecimiento productivo y al impulso sostenido de la inversión pública en infraestructura. Asimismo, este proyecto de ley pretende establecer el marco de consistencia macroeconómica a partir del cual se estructura el conjunto de políticas públicas a nivel nacional, de manera de compatibilizar los objetivos de corto, mediano y largo plazo trazados por el Gobierno nacional con las capacidades de financiamiento del sector público y el equilibrio monetario y externo de la economía argentina”.

En el proyecto enviado al Congreso el gobierno propone, entre muchas otras cosas, que el déficit fiscal durante 2022 sea menor al del corriente año. También establece aumentos de partidas reales —no nominales— para inversión en infraestructura, un crecimiento del consumo privado y una variación salarial por arriba de la inflación. Además, asegura que no está previsto realizar pagos al FMI durante el próximo periodo y hace un extenso relato sobre las consecuencias que significaría para el país desembolsar los 19 mil millones de dólares comprometidos por la anterior gestión para el año 2022 con el organismo internacional. Por supuesto: si no se maneja la hipótesis de pago es porque se está pensando en la posibilidad de llegar a un acuerdo. Se sostiene en el proyecto de Presupuesto: “respecto a los pagos de capital correspondientes al acuerdo stand-by vigente con el FMI se espera alcanzar un nuevo acuerdo con condiciones financieras razonables durante el ejercicio 2022 que permita extender los vencimientos de más allá de 2024”. Es decir: se trabaja con la hipótesis de que no habrá que hacer desembolsos con el FMI, como mínimo, hasta el 2025.

Al cierre de esta nota se conocieron los cambios en el gabinete. Todos los funcionarios entrantes ocuparon cargos relevantes durante los gobiernos de Néstor Kirchner y/o Cristina Fernández de Kirchner, han demostrado un fuerte compromiso con el proyecto y, por supuesto, ratifican el rumbo de la coalición gubernamental. Una vez más, queda demostrado que la unidad es imprescindible: para volver a entusiasmar a quienes con razones están enojados, para relanzar con mucha más fuerza las políticas en ejecución y para seguir avanzando hacia un modelo de crecimiento con la gente adentro.

Nota publicada en Página/12 el 19/09/2021

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Referentes

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Juan Carlos Junio

Secretario General