UN TOQUE DE ATENCIÓN

08/02/2010


Revista Debate - 06-02-2010

El triunfo de Sebastián Piñera en Chile y las consecuencias para la Argentina y la región

Por Carlos Heller *

La derrota de la Concertación y el triunfo de la derecha en Chile no puede analizarse sólo desde la perspectiva política interna del país hermano, sin añadir el probable impacto que tendrá en materia de política internacional.

Los medios periodísticos manejados por las derechas han celebrado el resultado electoral incluyendo el concepto de cambio y continuidad. La continuidad estaría expresada en materia económica, en tanto y en cuanto existen políticas de Estado que preservan sistemáticamente las relaciones entre el Estado y la actividad privada. El cambio, se habrá de expresar en un realineamiento internacional. Esto es dejar de participar en la política de construcción de un nuevo orden internacional latinoamericano que, sin desconocer las diferencias, vienen impulsando los procesos populares, progresistas y de izquierda en la región para volcarse al eje propiciado por Estados Unidos, dentro del cual hacía falta un socio de importancia para Colombia y Perú.
La gravedad no reside en un simple recuento de votos en los foros de política internacional, sino en que el globalismo-neoliberal avanza con prisa y sin pausa para recuperar la iniciativa y desmontar los mecanismos en marcha de una integración latinoamericana emancipatoria.
Si los partidos y fuerzas del campo popular, progresista y de izquierda no perciben que América Latina se encuentra unida por una situación estratégica común, las debilidades políticas que poseen en el plano interno, producto de la disputa de intereses y confrontación social en lo nacional y por la falta de unidad en la diversidad, se potenciará en una inexorable vulnerabilidad internacional.
No cabe duda de que existen diferencias comparativas sustanciales entre todos y cada uno de los proyectos latinoamericanos que emergieron con tintes emancipatorios en la región. Pero tampoco puede haber duda respecto de que las confrontaciones con el poderoso del Norte fueron de una magnitud impensada hace dos décadas atrás, y que confluyen con una crisis de sustentabilidad y adaptación del capitalismo en su versión trasnacional y globalizante. Esta crisis del capitalismo que también se manifiesta en crisis de hegemonías y que plantea disputas de liderazgo, exacerban las prácticas intervencionistas y de ocupación tradicional del imperio. Honduras fue el intervencionismo golpista, las bases en Colombia configuran la presencia institucionalizada y, ahora, la ocupación militar de Haití. Los tres expresan la soberbia impúdica.
El alineamiento de los personajes y medios masivos de comunicación de las derechas restauradoras en el orden interno con esta escalada, nos exime de mayores explicaciones en materia de complementariedades y alianzas. La lucha en el orden interno en cada país alrededor del rol del Estado frente al mercado, en cuanto a la redistribución de la riqueza y la eliminación de la pobreza, para superar la triste medalla que América Latina ostenta como la región más desigual del planeta, recibirá un duro golpe si la aguja del reloj regional vuelve a atrasar en manos de una nueva correlación de fuerzas bajo la hegemonía imperial de las otroras relaciones carnales.
Este dato no puede ser tomado como un dato menor a la hora de adoptar decisiones políticas en el plano nacional. Este enfoque debe ser un atributo más en la búsqueda de unidad en la diversidad y en lograr que cada cual esté con su cada cual. La historia tiene demasiados ejemplos como para desconocer que las puertas de la reacción no siempre se han abierto desde la fuerza propia de las derechas, sino de la lamentable incapacidad de las fuerzas del campo popular por unirse, resistir y dar batalla mancomunadamente.

EN LA ARGENTINA
Para nosotros, el análisis de la situación nacional no puede desvincularse de la coyuntura regional e internacional. Estamos convencidos de que la posibilidad de un futuro de dignidad para todos nuestros habitantes está ligada, indisolublemente, a la suerte de toda nuestra América.
Es sumamente importante tomar nota de las actitudes, discursos y orientaciones políticas que se van desprendiendo en cada caso.
Por un lado, el modelo que se viene impulsando desde 2003 hasta ahora tiene ciertas líneas directrices que van en dirección decididamente antagónica a la matriz neoliberal preexistente.
En materia de política exterior, así como del hecho de ir reparando con memoria, verdad y justicia los efectos brutales del genocidio perpetrado en la última dictadura militar, constituyen contrastes indiscutibles con los gobiernos previos, especialmente, los de Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde.
El modelo económico viró hacia la producción de bienes, sin descuidar los servicios en un contexto de recuperación de los derechos laborales e incremento -insuficiente, pero incremento al fin- de la masa de trabajadores bajo protección legal.
Las políticas sociales han seguido una misma orientación reparadora -también insuficiente-, revelada en la incorporación de casi dos millones de ancianos a los derechos jubilatorios, y a la sanción de una norma (respondiendo a una decisión de la Corte Suprema) de movilidad de las jubilaciones y pensiones.
Un elemento también valorado positivamente ha sido la negativa a responder el conflicto social con represión. Incluso, en casos en los que los “piqueteros blancos” de la Mesa de Enlace hicieron un daño aun incalculable, en más de un sentido, la decisión fue evitar el uso de la fuerza para resolver el conflicto.
La asunción de Cristina Fernández a la primera magistratura fue el inicio de un asedio mediático sin precedentes, lo que da cuenta del respeto irrestricto a la libertad de expresión. La democratización de la palabra se vio fuertemente impulsada por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y, a pesar de la furiosa respuesta de los grandes conglomerados mediáticos (que siguen empeñados en una campaña furiosa contra el Poder Ejecutivo), el Congreso aprobó la ley que despenaliza las calumnias e injurias, defendiendo el derecho de los medios de comunicación a revelar información crítica sobre funcionarios públicos.
El intento impulsado por la Resolución 125 fue una tentativa fallida para redistribuir la riqueza y, en ese conflicto puntual, un sector de las fuerzas progresistas acompañó en el Congreso, objetivamente y más allá de las intenciones, los intereses de los sectores del privilegio.
Otras medidas posteriores al resultado electoral de 2009 marcan una dirección inequívoca de profundización del modelo: la nacionalización de Aerolíneas, la estatización de los fondos provisionales, la democratización del fútbol en televisión y la asignación universal por hijo son algunas de las manifestaciones de la dirección política de este modelo.
Es cierto que hay multitud de asignaturas pendientes, pero los cuestionamientos opositores -amplificados por los medios- no son por las cosas que faltan, sino por las que, para nosotros, se hicieron bien y contribuyeron a dar un paso más hacia la superación de las calamidades del neoliberalismo.
Para ver alternativas, además del mapa latinoamericano, es un botón de muestra representativo el (des)gobierno de Mauricio Macri, quien no deja de sorprendernos por su ineficiencia, sus desaciertos y su tono crecientemente represivo. Macri avanzó en la Ciudad en procesos devastadores del espacio público, desplegó novedosos mecanismos privatizadores, muchos de ellos sospechados de negociados, como ocurre con buena parte de la obra pública.

CARÁCTER REPRESIVO
Otro aspecto distintivo es el cariz crecientemente represivo del gobierno de la Ciudad. La compra de cinco pistolas Taser, cuya característica es la descarga de electricidad, ha sido objetada por organizaciones nacionales e internacionales de Derechos Humanos.
Este dato es interesante contrastarlo con decisiones presupuestarias para, por ejemplo, los programas de educación sexual en las escuelas. El dato presupuestario es demostrativo: de los dos millones de pesos asignados en 2009, se pasó, para este año, a cincuenta mil pesos, lo que expresa una reducción del ¡97,5 por ciento con respecto al año anterior!
En suma, en nuestra perspectiva se van perfilando dos proyectos de futuro. Uno, de signo restaurador, está sintetizado en los actores culturales, sociales y políticos cuya estrategia es lisa y llanamente oponerse.
El segundo, que avanza con vacilaciones y contradicciones, apunta a la superación de las herencias neoliberales. Y no hay en vista una tercera opción. Es por eso que nos posicionamos en un lugar de autonomía que no es, de ningún modo, equidistancia. No nos es indiferente para qué lado se incline el fiel de la balanza. Nosotros seguiremos comprometidos con la tarea de construir unidad en la diversidad, por todo lo que se hizo bien y por todo lo que falta por hacer. Para poder librar con fuerza las batallas que se avecinan, como son por ejemplo la nueva ley de entidades financieras, la redistribución de la riqueza, la recuperación de la soberanía sobre los recursos naturales y la lucha contra la corrupción.

* Diputado Nacional, Nuevo Encuentro Popular y Solidario