El ajuste infinito

19/04/2026
Javier Milei sentado junto a Luis Toto Caputo

Página/12 | Opinión

Por Carlos Heller

Según el INDEC, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en marzo registró un alza del 3,4%, acumulando un 9,4% en el primer trimestre del año. Es decir: en los últimos noventa días la inflación casi empató a la que el gobierno proyectó para todo el año en el Presupuesto 2026: 10,1%. Para que se cumpla la previsión gubernamental, el índice mensual debería ser, en promedio, del 0,06% cada mes de aquí en adelante.

Además, algunos analistas sostienen que en este 3,4% todavía no está el impacto de los efectos de la guerra en Medio Oriente. Esto explica la decisión del gobierno de pausar desde abril y por 45 días los aumentos en los surtidores de YPF. El topo que busca eliminar al Estado desde adentro utiliza al Estado para frenar la escalada de precios que, como en el caso de los combustibles, puede dispararse.

El Presidente ha afirmado: “marzo es un mes con una estacionalidad muy negativa en términos de inflación, y en el dato puntual impactó Educación, impactó todo lo que tiene que ver con la Guerra y como eso afectó a todo lo vinculado al transporte. Y obviamente, por una cuestión estacional, el impacto de la carne”. Por supuesto: hay factores estacionales. Pero no es éste el caso: porque la inflación núcleo ―aquella a la que se le restan los productos y servicios regulados y estacionales― fue del 3,2% en marzo. Por lo cual, sacando estos factores estacionales y los regulados, la inflación en marzo sigue siendo alta.

En este escenario, el Presidente Milei sostuvo: “la motosierra sigue encendida, no voy a resignar el equilibrio fiscal”. Es decir: va a profundizar el ajuste. Pero al ajuste le sigue la caída de la recaudación y a la caída de la recaudación le sigue más ajuste: el recorte de los presupuestos de salud, de educación, de ciencia y tecnología, entre muchos otros rubros. En el vocabulario gubernamental hay una palabra que se repite: ajuste. Esa suma de recortes necesariamente conduce a la recesión. Al no haber demanda porque la mayoría de los argentinos y las argentinas tienen menos ingresos reales, los comerciantes tienden a bajar los precios intentando aumentar sus ventas y, entonces, les piden a sus proveedores que también bajen sus precios y éstos les piden lo mismo a los fabricantes. El resultado es que muchas empresas quiebran porque no les dan los costos y al cerrar despiden trabajadores y trabajadoras, que a la vez reducen sus consumos, incrementando la espiral recesiva. Probablemente, en estos casos, los precios tiendan a bajar. Las herramientas recesivas son útiles para lograr que la inflación se frene. Pero ello equivale a matar al enfermo para lograr que ya no le duela la cabeza. Es la paz de los cementerios.

Si la mayoría de la sociedad acepta comer menos o comer una vez por día, reduce sus aspiraciones en salud y educación, se viste peor, deja de divertirse, etcétera, el modelo efectivamente podría funcionar. Pero, como siempre decimos: el límite del ajuste es la capacidad de resistencia de los ajustados. O como señalaba Floreal Gorini: “Otro mundo mejor es posible, si la gente quisiera y lucha para conseguirlo”.

En la semana tuvo lugar la AmCham “Summit” 2026, una actividad de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina. El director ejecutivo de esa institución, Alejandro Díaz, en una entrevista publicada pocos días antes del evento sostuvo que los sectores estratégicos que hoy asoman como polos de desarrollo de la economía local son “minería, gas y petróleo, ciencias del conocimiento y agronegocios”. “Las empresas que no estén en estos sectores probablemente van a requerir, a partir del nuevo modelo de apertura de la Argentina, una fuerte reestructuración de su modelo de negocios con las dificultades que ya hemos visto en otros países que lo han hecho”. El ejecutivo agregó: “el desarrollo no va a venir del Conurbano bonaerense, el resultado del crecimiento del país va a ser una consecuencia de la habilidad para desarrollar sectores estratégicos en el interior de la Argentina que debería tener connotaciones de fuerte migración interna”.

¿Qué está diciendo? Que, así como hubo corrientes migratorias desde las provincias hacia el Gran Buenos Aires y demás grandes centros urbanos cuando se produjo el proceso de industrialización de la Argentina, ahora con la supuesta explosión minera y energética hay que esperar una relocalización de la población de esos grandes centros urbanos en las provincias mineras y petroleras.

Primera cuestión: los empleos que puede generar la explotación minera o de hidrocarburos son una cantidad mínima con respecto a los que se pierden en los emprendimientos industriales, que van cerrando por la apertura de las importaciones y la caída del consumo. Segunda cuestión: hay un tema de capacidades y destrezas personales. Por ejemplo: el empleado de una pizzería que intenta comenzar a trabajar en una minera no es inmediatamente empleable. No se trata de trabajos automáticamente intercambiables.

Alejandro Díaz implícitamente parece tomar en cuenta lo anterior cuando dice que “vamos a tener seis u ocho años donde la vulnerabilidad social no será menor”. También se refirió a la coyuntura: “no se visualiza para los próximos 12 meses que vaya a haber un incremento importante del poder adquisitivo de la gente que tracciona los sectores de consumo (…) No se ven incrementos reales del salario por sobre la inflación (…) No hay ningún elemento para pensar, excepto que haya un cambio en política relevante que hoy no visualizamos, una recuperación profunda los próximos 18 meses”.

Lejísimo de lo dicho por el ministro Luis Caputo en la actividad de AmCham: “Los próximos 18 meses serán los mejores de las últimas décadas”.

En una perspectiva similar a lo que expuso Díaz, el economista Ricardo Arriazu (de conocida formación neoliberal) señaló recientemente que la economía argentina produce en el corto plazo más destrucción de empleo que creación y que el territorio más crítico es el Gran Buenos Aires. Arriazu detalló que energía, minería y agricultura ―sectores en crecimiento— son intensivos en divisas, pero no en mano de obra. En paralelo, industria, construcción y comercio —sectores principales entre los que se achican— son los que más empleo generan y se concentran en el conurbano bonaerense. Finalmente, sostuvo que la corriente migratoria que en el largo plazo podría reequilibrar la demografía productiva —con trabajadores moviéndose hacia Neuquén y otras regiones de mayor dinamismo— no opera a la velocidad que requiere la coyuntura política.

Nuestra tarea es ayudar a construir un modelo alternativo, con la gente adentro en lugar de con la gente excluida y sometida a situaciones de vulnerabilidad social. 

Nota publicada en Página/12 el 19/04/2026

Referentes

Carlos Heller

Presidente PSol

Juan Carlos Junio

Secretario General