Vamos a andar

21/12/2019
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Perfil | Opinión

Por Carlos Heller

La oposición actual intentó crear un país de ficción cuando fue gobierno. Describía una Argentina que siempre estaba llegando al éxito aunque nunca lo alcanzaba. Por supuesto, un gobierno generador de ficciones suele creerse sus ficciones. Por eso, algunos ex oficialistas, hoy opositores, hablan como si el país que dejaron fuera una maravilla. Por el contrario, Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner recibieron una Argentina en emergencia. Hoy tenemos la inflación más alta de los últimos 28 años, el nivel de la producción industrial es equivalente al del año 2006, se cerraron 20 mil empresas en cuatro años, se perdieron en el sector industrial más de 141 mil empleos registrados del sector privado, la tasa de desocupación es la más alta desde 2006 y la pobreza está en los valores más elevados desde 2008, por citar solo unos pocos indicadores.

La emergencia es una realidad. ¿Cómo se actúa frente a ella? Haciendo lo que dijo el Presidente en su discurso el día que asumió: atendiendo primero a los más pobres. ¿De dónde salen los recursos para ello?

No hay magia: para distribuir es necesario obtener primero los recursos que luego se distribuirán. Por eso, las medidas impositivas. Entre ellas, el aumento del impuesto a los Bienes Personales, que no es otra cosa que volver a las escalas que estaban vigentes en 2015. Con un agregado: a quienes tienen bienes en el exterior se les propone que si los traen pagarán lo mismo que los demás, pero si deciden que continúen afuera van a abonar por ellos un poco más. En la misma línea, se establece el impuesto al atesoramiento de dólares y a los gastos en dólares en el exterior. A algunos les parece mucho un 30%. Pero Macri devaluó durante su gestión más de un 500%. ¿Hubiera sido mejor una devaluación? Por supuesto que no: la misma se traslada a precios y produce una generalización de los aumentos. ¿Qué es entonces lo que se está diciendo? Que el tipo de cambio para importar y para exportar, es decir el tipo de cambio que interviene en la formación de los precios, se mantiene. No tiene ningún recargo. ¿Quién lo tiene? Quien quiere atesorar en dólares.

Otra medida: el congelamiento de tarifas. ¿Para qué tienen que estar dolarizadas? Solo para que un grupo de empresas ganen fortunas a partir de tener garantizado un cuadro tarifario. Son legislaciones hechas para favorecer al capitalismo de amigos en contra de los intereses del conjunto de la población.

Otra cuestión: los aumentos a los jubilados y la suspensión de la fórmula del cálculo de movilidad. Alrededor del 65% de los jubilados cobra la mínima, por lo cual un bono de $ 5 mil sobre lo que perciben es más de un 30% de incremento para los dos meses venideros. Pero, además, el dictamen de mayoría del proyecto de Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el Marco de la Emergencia Pública que estaba por tratarse en el recinto de Diputados al cierre de esta nota afirma que busca “fortalecer el carácter redistributivo y solidario de los haberes previsionales considerando los distintos regímenes que lo integran como un sistema único, con la finalidad de mejorar el poder adquisitivo de aquellos que perciben los menores ingresos”. En sintonía con lo anterior, dice que “el Poder Ejecutivo Nacional deberá convocar una comisión integrada por miembros de ese Poder y del Congreso de la Nación que, en 180 días y con ayuda de expertos en la materia, proponga un proyecto de ley de movilidad de los haberes previsionales que garantice una adecuada participación de los ingresos de los beneficiarios del sistema en la riqueza de la Nación, de acuerdo con los principios de solidaridad y redistribución”.

Estas medidas, entre otras, buscan lograr que la economía arranque, y para arrancar primero tiene que dejar de caer. En estos últimos cuatro años el PIB per cápita ha descendido un 9% y el sistema productivo está prácticamente paralizado. Vamos a andar: desde un país en emergencia hacia una Argentina de pie.

Nota publicada en diario Perfil el 21/12/2019