Tiempo Argentino | Opinión
Por Carlos Heller
En la introducción de su libro “Las venas abiertas de América Latina”, Eduardo Galeano afirmaba, a principios de los setenta, sobre la región: “continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan, consumiéndolos, mucho más de lo que América Latina gana produciéndolos”. Frase que ayuda a reflexionar sobre la actualidad de nuestro país.
Durante su discurso ante la 81º Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), el presidente Javier Milei señaló: “tenemos la energía que el mundo necesitará, tenemos alimentos, tenemos minerales críticos, tenemos talento humano, tenemos el Atlántico Sur, y somos una puerta natural hacia la Antártida”. Y pidió: “miren al sur, van a encontrar una tierra inmensa, de campos fértiles, de petróleo, de minerales y de talento humano”.
Milei prosiguió: “nos alineamos sin ambigüedades con Occidente, lo hicimos con los Estados Unidos y con Israel, países con los que compartimos una profunda afinidad de valores y una complementariedad estratégica”. Casi no hace falta agregar nada. Este alineamiento, que difícilmente sea compartido por la mayoría de los argentinos y las argentinas, va en dirección de los intereses de grandes corporaciones internacionales.
Funcionarios de Estados Unidos y Argentina anunciaron el lanzamiento del corredor de infraestructura Andes-Atlántico, que buscaría conectar las zonas mineras del noroeste argentino y Vaca Muerta con puertos del Océano Atlántico, a través de inversiones por hasta U$S 7.000 millones en trenes, ductos e infraestructura digital. Con la vigencia activa del RIGI, un puente casi seguro para la salida de riquezas sin contrapartida en beneficios para nuestro país.
Milei también le dedicó casi un cuarto del tiempo de su exposición al reclamo por Malvinas, contrastando con el escaso espacio dedicado en sus intervenciones anteriores en la ONU y con sus posturas previas, por caso, respecto del supuesto derecho a la autodeterminación de los kelpers.
En su exposición acusó a Naciones Unidas de mirar hacia otro lado con la “causa” de las Islas y de ser una organización “inútil”, y criticó al organismo por su injerencia en temas ambientales, en la regulación económica, la agenda de género, y en la “inmigración descontrolada”.
Discursos y modelos antagónicos
El presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, en su exposición de apertura de la Asamblea General afirmó que ese país cuenta “con los minerales críticos y las tierras raras que el mundo necesita para llevar a cabo la transición energética”. “Nuestra riqueza natural pertenece al pueblo brasileño y se explotará en su beneficio. El acceso a nuestros minerales estará supeditado a la generación obligatoria de valor en nuestro territorio, a la transferencia de tecnología y al abastecimiento de sectores estratégicos nacionales”, especificó. En esta línea, Lula da Silva dejó en claro que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”. El contraste entre las intervenciones de los mandatarios mencionados es evidente.
Ambos discursos en última instancia son un reflejo de la disputa de fondo, alrededor del modelo y de las políticas necesarias.
Respecto de los caminos a seguir y las herramientas para financiarlos, en California se someterá a un referendo el 3 de noviembre una propuesta sobre un impuesto especial a los milmillonarios, apoyada por seis economistas premios Nobel, entre otros. Se sostiene que solo en California, donde viven 39 millones de personas, los 200 superricos que quedarían sujetos al gravamen acumulan una fortuna estimada en U$S 2,3 billones, equivalente al producto interno bruto anual de ese estado. Se plantea que los residentes de California con un patrimonio superior a U$S 1.000 millones (esos 200 ya mencionados) paguen un impuesto por única vez equivalente al 5% del valor total de sus activos.
Con esta medida se recaudarían U$S 100.000 millones, que se destinarían en un 90% a financiar la atención médica afectada por los recortes de la administración de Trump. El 10% restante se repartiría entre asistencia alimentaria y programas educativos.
Como siempre, recursos y riqueza hay, el problema es cómo se reparten. De hecho, en una nota publicada en el diario El País se comenta que el impuesto a la renta que pagan actualmente los más ricos equivale al 1,6% de sus ganancias, una cifra muy inferior a lo que pagan los californianos comunes sobre sus salarios. Los Nobel indican que propuestas similares debieran extenderse al resto del mundo.
Dólares que “salen por las orejas”
Milei señaló en una intervención en Nueva York que “hoy nuestro problema es que los dólares nos salen por las orejas”. Lo que no deja de salir, bajo el paraguas del actual modelo, son las riquezas y los divisas con dirección al exterior.
Las compras netas de dólares de las personas para atesoramiento continúan en alza (U$S 18.778 millones, en los primeros ocho meses de este año) y además en 2027 vencen alrededor de U$S 28.000 millones de capital e intereses de la deuda en moneda extranjera, entre otras presiones sobre las Reservas.
Al cierre del viernes, el “riesgo país” se ubicó por encima de 600 puntos, aumentando fuertemente en las últimas semanas. Si bien parte de esta suba se debe a la volatilidad de los mercados internaciones, los bonos de deuda argentina mostraron un desempeño débil frente a otros activos de naciones emergentes.
Sin duda, influyen la elevada deuda externa de nuestro país, la tensión en las Reservas ya comentada, y el endeble ritmo de la producción, entre los más importantes.
El Presidente también prometió: “si nuestro gobierno es reelecto en 2027, el 2028 será el mejor año económico de la historia argentina”, retrasando el inicio que en su momento mencionó el ministro de Economía Luis Caputo, en alusión a que desde abril de este año: “los próximos 18 o 20 meses van a ser probablemente los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas”.
Sumándose al conjunto de datos negativos que se arrastran, en julio la actividad económica cayó un 2,9% mensual (1,4% interanual). En cuanto al consumo, según la encuesta del INDEC, las ventas en Supermercados y Autoservicios Mayoristas llevan siete meses de descenso, habiendo acumulado una caída interanual del orden del 2,7%.
Más allá de los indicadores oficiales, la propia experiencia muestra que la situación económica y social fue empeorando, ya que todos los días cierran empresas y comercios, además de que más personas se quedan sin trabajo, o caen en la informalidad.
Incluso, de cumplirse un escenario de llegada de inversiones como la que proyecta el gobierno y un sendero de crecimiento, el mismo estará determinado por sectores como la minería, la energía o el agro. Estos segmentos casi no derraman ni generan el suficiente empleo privado que permita compensar las pérdidas que se verifican en la industria, en la construcción y en el comercio, entre otros.
En este contexto, la pobreza, la fragmentación social y la desigualdad se profundizarán. Esa es la Argentina que el oficialismo ofrece para después de las elecciones, si continúa su mandato o asume otra variante similar. Es el modelo del sacrificio eterno y las promesas.
Las marcas que dejará la actual gestión no serán fáciles de cicatrizar ni las limitaciones sencillas de sortear. Es imperioso conseguir un resultado en las urnas en 2027 que permita modificar el rumbo actual.